lunes, 25 de septiembre de 2017

Jenaro Villamil y la constitución del gran otro de la violencia


El pasado 17 de noviembre, el periodista Jenaro Villamil fue expulsado de la marcha realizada por miles de mujeres para manifestar su dolor debido al asesinato de la joven Mara Fernanda Castillo en Puebla. Este inefable crimen forma parte de los miles de asesinatos contra mujeres que han ocurrido en nuestro país en la última década, y forman parte también del contexto de violencia, acoso y exclusión histórica de la mujer en nuestra sociedad. Todo argumento tiene su origen en un punto de vista, queremos externar un punto de vista que puede ser generado desde el rechazo, el dolor, la ira, la repugnancia o la empatía. Quiero externar en primera instancia mi dolor y rabia por estos asesinatos, mi rechazo categórico a cualquier violencia y exclusión contra la mujer, a quienes considero seres humanos libres, capaces y autónomos.


Esta semana, justo el día antes en que el terremoto del 19-S movilizara nuestra solidaridad y nuestra empatía colectiva, observé el video en que el periodista Jenaro Villamil era expulsado de la marcha movilizada por colectivos feministas debido al asesinato de Mara. Mencioné que un argumento tiene su origen en un punto de vista, y el punto de vista que sostengo no es elaborar una defensa de género hacia Villamil ni defender a priori su acción. En este sentido, quise investigar más sobre la decisión de no permitir la presencia de hombres en la vanguardia de la marcha y cuáles son las razones y premisas que subyacen a esta decisión. En este sentido, quisiera comentar el texto de  Cynthia Híjar Juárez: “El género de Jenaro Villamil”, donde me parece se exponen de modo claro estas razones y premisas.


1. El texto de Cynthia Híjar expone el dolor y la indignación de vivir en un país donde hombres de toda clase social, edad y etnia cometen violaciones y asesinatos contra niñas y mujeres. Una de las primeras ideas que nos encontramos en este texto es: “Y concuerdo con el escozor de quien se escandalice y exclame “¡no todos los hombres!” porque es terrible aceptarlo, pero es verdad: a pesar de que el mundo insista en que no todos los hombres son iguales, nosotras aprendemos de la forma más violenta, todos los días, que sí: todas las mujeres hemos sido agredidas por hombres. La primera premisa o afirmación que podemos encontrar en el texto, analizando la cita anterior es: todos los hombres son iguales: todas las mujeres han sido agredidas por hombres (A1).


2. En segunda instancia, Cynthia Híjar circunscribe a quien se dirige: a la lectora consciente y empática: “¿no cree que sea normal que muchas mujeres deseemos compartir nuestros espacios sólo con otras mujeres, al menos los espacios políticos, de activismo, autocuidado o recreación? ¿le parece una medida extrema o violenta el querer evitar sorpresas, acosos, incomodidades, violaciones o feminicidios? ¿le parece una medida fascista decidir con quién queremos estar? Usted y yo sabemos que no, que estamos hablando de nuestro derecho a decir que no”. La segunda premisa o afirmación que podemos inferir es: la construcción de espacios exclusivos de, por y para mujeres, espacio políticos de activismo, autocuidado o recreación, tiene su origen en el derecho de la mujer a decidir, a decir que no (A2). Aquí también podemos encontrar la siguiente premisa o afirmación: con la construcción de espacios exclusivos de, por y para mujeres se busca evitar sorpresas, acosos, incomodidades, violaciones y feminicidios (A3).

3. Cynthia Híjar explica que las marchas feministas son convocadas en México por una red organizada de mujeres, las cuales: “hemos hecho un consenso acerca de los contingentes que encabezan nuestras manifestaciones: separatistas y libres de potenciales agresores”.  Aquí encontramos una conclusión importante: los contingentes separatistas buscan ser un espacio libre de potenciales agresores. Esto tendría como respaldo las afirmación 1 y 3: los hombres son iguales (potenciales agresores, todas las mujeres han sido agredidas por hombres) y, por tanto, se busca evitar, desde ya en estos espacios, desde acosos hasta violaciones y feminicidios. No obstante también aclara un punto de vista importante: Quien quiera marchar con hombres, puede hacerlo en los contingentes mixtos que van en la parte de atrás. Los periodistas varones pueden documentar desde fuera del contingente separatista y en los contingentes mixtos. Sencillo y clarísimo para cualquiera que se quiera enterar de la organización”. De aquí se deriva una cuarta premisa o afirmación: No obstante A1, A2 Y A3, los hombres pueden marchar en calidad de aliados en el contingente mixto (A4).


Considero que estas son las premisas fundamentales expuestas por Cynthia Híjar, que nos permiten entender la decisión de excluir a los hombres del contingente separatista. Híjar, por otro lado, expone algo que es evidente: las marchas feministas convocan lo más profundo del odio y los miedos misóginos de una sociedad que rechaza la autodefensa, autoenunciamiento y autoorganización de la mujer, y podemos decir que en general su autonomía y libertad. Ahora bien, menciono esto porque es evidente que este rechazo es cierto, y que grupos conservadores y personajes que encarnan la violencia machista se encuentran en una movilización permanente contra las expresiones de libertad y autodeterminación de la mujer. No obstante, no debe cometerse el error de equiparar todo cuestionamiento, crítica o examen con este tipo de violencia y rechazo.


Aclarando lo anterior, quiero decir que mi examen de las razones expuestas por Cynthia Híjar no forman parte de esta violencia, no tienen un afán conservador o de rechazo a la libertad y autonomía que mencionamos. Tampoco busca respaldar de ningún modo la acción de Villamil ni tampoco busca que a toda costa hombres aliados marchemos en la vanguardia de las marchas feministas.  Mi cuestionamiento surge de mi propia perplejidad en cuanto ser humano de ser categorizado, en razón de mi género, como un potencial agresor y ser considerado en el mismo nivel o estatus que un acosador, violador o feminicida y que mi presencia en una marcha, de cuyos objetivos y valores comparto una profunda empatía, sea considerada como un riesgo o potencial de agresión. Soy estudiante de doctorado en filosofía y profesor de filosofía y ética, de compromiso ético y ciudadano, creo que la filosofía, y el pensamiento en general, deben aclarar las premisas (afirmaciones o supuestos) de nuestro pensamiento y, en consecuencia, de las categorías desde las que actuamos en el espacio público. Espero que este cuestionamiento no sea entendido a priori como violencia machista o como un cuestionamiento realizado desde el privilegio, es decir, espero que este cuestionamiento no sea respondido como una crítica hacia mi, por mi condición y género, esto es, espero que no sea respondido con una falacia ad hominem y que, en cambio, sean examinados los cuestionamientos y premisas en sí mismas.


Como examinamos anteriormente la decisión de crear un contingente separatista no se fundamenta en la inclusión o no de los hombres en la marcha (A4) sino que tendría su fundamento central en el derecho a decidir de la mujer (A2): “exigirle a otra compañera que marche con quien no quiere es como decirle a una niña que sonría y dé las gracias cada vez que el señor de la tienda le dice que está muy bonita. Si no sonríes, si no agradeces y no te muestras amable, eres una maleducada. Qué importa si el comentario del señor, su acoso sexual, es inapropiado, qué importa si te incomoda, qué importa si no le preguntaste qué opinaba sobre ti. Tienes que agradecer y ser linda para que cuando crezcas, no corras al hombre que se autoproclama tu aliado pero no ha hecho lo mínimo por enterarse de qué va tu petición.”  Mi postura, como hombre aliado, es que debemos respetar firmemente el derecho a decidir de la mujer, así como de todo ser humano: no podemos violar la autonomía y autodeterminación del otro. No puedo obligarte a marchar conmigo, ni que yo marche junto a tí, no porque mi exigencia equivalga a esperar de ti una sonrisa o tomarlo como un gesto de educación tuya en mi escala machista de valores, sino que no puedo obligarte a marchar conmigo porque respeto la autonomía y autodeterminación que nutren tu derecho a decidir. Esta me parece que sería la respuesta con más consistencia ética sobre la cuestión de no aceptar a hombres en un contigente separatista.


¿Qué es lo que observo como problemático en el argumento de Cynthia Híjar, que explica la decisión de crear un contingente separatista? Lo que encuentro problemático es la siguiente afirmación: “un hombre es siempre un potencial agresor en las marchas de mujeres, aún cuando tenga la mejor intención de ser un aliado”. Ello se complementará con la primera afirmación (A1): todos los hombres son iguales, todas las mujeres han sido agredidas por hombres. Me parece que esta afirmación tiene, empírica y materialmente, una buena razón de ser, máxime en un país como México, pero que puede conducirnos a vértigos argumentales y a posturas excluyentes que pueden sumirnos a los hombres aliados en la impotencia y perplejidad, y que es una postura que pone en crisis a los mismos principios éticos: ¿en primera instancia, como ser humano, no puedo compartir tu empatía, tu ira, tu indignación? ¿mi sola calidad de hombre sin importar el género al que me adscriba, me colocan como un potencial agresor y feminicida? La respuesta desde la postura de Cynthia Híjar, analizada anteriormente, demuestra lo siguiente: Si, “un hombre es siempre un potencial agresor en las marchas de mujeres, aún cuando tenga la mejor intención de ser un aliado” Es decir, aún cuando poseas una conciencia ética, una empatía hacia el dolor e indignación por la violencia contra la mujer, eres considerado como un potencial agresor, eres considerado a priori como aquel gran otro de la violencia. Aquí podríamos prescindir ya de toda conciencia ética y empatía, arribamos a un fracaso de la razón: sin importar tu conciencia ética, eres un potencial agresor.


Atención, este cuestionamiento no busca fomentar posturas machistas, violencia o rechazo contra la libertad de la mujer, tampoco violentar su derecho a la decisión ni mucho menos que marchemos en la vanguardia junto con las mujeres en el contingente separatista,sino que debe ser claro que es un cuestionamiento desde la radical aceptación de la libertad y autodeterminación de la mujer. Como ser humano, como hombre consciente, como ser empático, que comparte el dolor, la humillación y la rabia de las mujeres en México, vivo el conflicto de ser considerado a priori, sin consideración de lo anterior, como un potencial agresor.

Entiendo esta crítica o cuestionamiento en el sentido en que Judith Butler la entiende en su texto El género en disputa: “entendiendo la crítica como un cuestionamiento de los términos que restringen la vida con el objetivo de abrir la posibilidad de diferentes modos de vida; en otras palabras, no para celebrar la diferencia en sí misma, sino para establecer condiciones más incluyentes que cobijen y mantengan la vida que se resiste a los modelos de asimilación” (2006: 17). No entiendo esta crítica como la presentación de un programa de exigencias, sino como un cuestionamiento abierto en el que exploro mi condición, inclusión y rol en este páramo inefable de violencia y muerte, pero también de autoorganización y lucha social: ¿Cómo conciben los colectivos feministas mexicanos su participación política en el espacio público y qué rol juegan los hombres en este proceso? ¿todo hombre, con independencia de sus ideas y conciencia, termina jugando el rol de un otro en un espacio que simbólica y materialmente representa violencia? ¿el hombre, por tener pene y testosteronas, sería incapaz de ponerse en el lugar del otro femenino y empatizar y adoptar su propio programa de lucha? ¿La construcción de un espacio libre de violencia machista representa la construcción de un espacio sin hombres? ¿presentar estos cuestionamientos es violencia machista? ¿debo guardar silencio, ya que el cuestionamiento de este tipo es equivalente a un acoso?