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viernes, 17 de febrero de 2012

Crimen y castigo: El conflicto moral en torno a la idea de los «hombres extraordinarios».

Breve preámbulo sobre un porqué y los plagios vergonzosos de un escritor.

Quiero comenzar con una cuestión a la que me enfrenté al escribir estas líneas: ¿Por qué escribir una recensión sobre Crimen y castigo? Por un lado, me encuentro con los argumentos de aquellos lectores que reniegan o se resisten a enfrentarse a algunas obras de la literatura universal, en parte porque han sido ya sumamente analizadas y comentadas, de modo que si se da el caso de escribir una recensión será de aquello novedoso o poco conocido para el público. De tal modo, estas obras clásicas se suponen son parte de nuestra formación y bagaje cultural, aunque nos encontremos, como veremos en seguida, que no siempre es el caso.  Por otro lado, podemos preguntarnos qué se puede decir que no haya sido ya escrito con una maestría difícilmente superable, nada más por ejemplo el caso de los estudios de Mijaíl Bajtín sobre la literatura y estética de Dostoyevski. El argumento anterior conduce a una suerte de parálisis intelectual que en cierto modo no deja de ser complaciente.


En este sentido, considero que es un auténtico gozo retornar y embriagarse de estos clásicos de la literatura universal, analizarlos y compartir nuestros comentarios y opiniones con nuestros compañeros lectores. En el camino, nuestra formación adquiere mayor solidez y su horizonte se expande. Del mismo modo, al analizar obras cuyo objeto de estudio son trabajos clásicos lo hacemos con conocimiento sobre los mismos y una opinión propia, de modo que podemos mantener una postura crítica y no simplemente complaciente o repetidora. Algunos artículos de Guillermo Sheridan, publicados en los días que corren en Letras Libres, a propósito del escritor Enrique Sealtiel Alatriste resultaron, para las cuestiones que me asaltaron, algo fulminante, reforzando mis conclusiones. Hasta el momento en que escribo estas líneas no salgo del asombro e indignación al saber, de acuerdo con Sheridan, que el hasta hace poco coordinador de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma Nacional de México plagió para el breve escrito “Dostoievski: morir mil veces”, publicado en la Revista de la UNAM, la entrada en Wikipedia “Fiódor Dostoyevski”. Alatriste, se había desempeñado además como director de Literatura de la UNAM, director de Alianza Editorial para México, y obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia 2012, impugnado también por Sheridan y al que finalmente Alatriste ha renunciado. De tal modo, siempre es mejor tener a la mano nuestras fichas de trabajo, análisis y comentarios en nuestras libretas de recensiones antes que optar por un llano wikipediazo, cuando no en un fraudulento copy-paste. 

domingo, 25 de septiembre de 2011

José Manuel Othón (1858-1906). El último de los poetas mexicanos clásicos.

En mi último viaje a la bella ciudad de San Luis Potosí, caminando en el centro histórico en una tarde francamente ideal, disfrutando de la arquitectura y la ciudad encontré, por una afortunada casualidad, el Museo-Casa Manuel José Othón. Hasta aquel día no había recibido noticia alguna del poeta por lo que me dispuse a visitar el museo. Una vez dentro me percaté de lo pequeña que es la casa, donde se encuentran ahora expuestos los muebles y enseres de aquellos años a principios del siglo XX, junto con semblanzas y periódicos enmarcados alusivos al poeta y su época acompañando las paredes. Como en todas las casas-museo de escritores que he tenido la oportunidad de visitar, me interesó especialmente buscar el área de estudio, los libreros y escritorio, que como tales no encontramos en las piezas que pueden recorrerse. Mayor suerte se tiene cuando se entra en la biblioteca, pequeña y fresca, en la que podemos ver cuadros, fotografías, bastantes libros y algunos periódicos de la época. Así mismo adquirí una pequeña antología de poemas editada por el gobierno de San Luis Potosí, que ilustra estas líneas. Gracias a aquellos eventos desafortunados que a veces acontecen, en aquel viaje no llevé conmigo mi cámara fotográfica, pero aquí coloco algunas fotografías que podemos encontrar en el portal oficial de la Casa-Museo. Finalmente, descansando en el único patio que posee la casa, se puede leer en una placa uno de los poemas rústicos de José Othón, titulado El perro, que forma parte de Noche rústica de Walpurgis. No obstante, me parece que aquella placa hubiese sido más digna de Envío, último soneto de Idilio Salvaje en el Desierto, el mejor poema de Manuel José Othón: "En tus aras quemé mi último incienso / y deshojé mis postrimeras rosas. / Do se alzaban los templos de mis diosas / ya sólo queda el arenal inmenso. / Quise entrar en tu alma, y qué descenso, / ¡qué andar por entre ruinas y entre fosas! / ¡A fuerza de pensar en tales cosas / me duele el pensamiento cuando pienso!  



Museo-Casa Manuel José Othón, San Luis Potosí, México

lunes, 15 de agosto de 2011

Arthur Miller (1949), Muerte de un viajante. La dialéctica trágica entre el ser y el tener.


Arthur Miller fue un dramaturgo estadounidense, referencia fundamental del teatro contemporáneo, finado hace apenas seis años. Originario de Nueva York e hijo de inmigrantes judíos polacos, estudió periodismo en la Universidad de Michigan. A los 28 años estrenó su primera comedia en Broadway Un hombre con mucha suerte, aunque logró el éxito hasta 1945 con su novela Focus. En 1949 obtuvo los premios Pulitzer de Teatro y del Círculo de Críticos de Teatro de Nueva York con La muerte de un viajante. La obra de Miller se caracteriza por su crítica política y social, cuyo objeto constante fue la cultura norteamericana. Por sus ideas padeció la persecución anticomunista encabezada por el senador Joseph McCarthy, siendo llamado a comparecer en 1956 ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Fue condenado por desacato aunque fue absuelto después de apelar la sentencia. También es conocido por haber estado casado con Marilyn Monroe (1956-1961), en la que se inspiró para escribir el guión de la película Vidas rebeldes (1960). En 2002 Miller recibió en España el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, en su discurso rememoró sus lazos con la cultura española, así mismo recordó a dos de sus compañeros universitarios que marcharon con la Brigada Abraham Lincoln para defender la República contra el alzamiento franquista. Rememoró la atracción permanente de su esposa Inge Morath por la España de grandes pintores pero también de campesinos, gente de pueblo y toreros, de la que dejó un legado fotográfico.