No obstante, las demandas materiales y terrenales terminan aterrizando a Guido de regreso al mundo. Una de estas voces, la más obsesiva y cuestionadora, es la del crítico, quien se aparece prontamente a Guido de modo implacable, en medio de la enfermedad. Aparecerá constante como una voz irónica e hiriente que bien puede representar la voz crítica interna del artista, el mal del impostor encarnado, una autoexigencia y sistematicidad llevadas al absurdo que forman parte importante del propio bloqueo creativo: ¿cuáles son las premisas filosóficas de la película? ¿revela una pobreza de inspiración poética? ¿un realismo ambiguo? ¿qué es lo que realmente quiere decir?
El viaje de Guido se desenvuelve en medio de espacios amplios, que desconciertan por su carácter irreal, lo cual será notado por uno de los personajes en un momento de la película. Estos espacios funcionarán como un gran teatro de la ensoñación caleidoscópica de Guido, que en conjunto con la banda sonora y la multitud de personajes que lo acompañan, funcionará como espacio de magia y alquimia de su mundo interno: asa nisi masa. En este teatro se enfrentará a sus fantasmas, sus errores y culpas, su infancia, la relación con sus padres, con su esposa y amantes, afrontando esas cosas muertas que todos llevamos dentro.
Uno de los símbolos centrales del viaje de Guido son las mujeres, lo cual nos es representado de manera metafórica en la segunda escena, donde Guido yace enfermo y sobre la cama contigua aparecen una multitud de fotos de mujeres. Una de las primeras que aparece es la joven amante de su viejo amigo Mario Mazza. Gloria Morin aparece de forma dramática haciendo alusión a la crueldad de las abejas al drenar la vida de las pobres flores, representando el tópico del hombre maduro y la amante joven, como promesa de nuevos inicios y goces. En este sentido aparecerá también Claudia, vestida de blanco, ofreciendo agua a Guido, encarnando el simbolismo de un nuevo inicio, de pureza e inspiración.
En la multitud de mujeres que aparecen en la vida de Guido, desde su madre, su esposa, sus amantes, una constante será el símbolo de la mujer joven, que aparecerá como una de las respuestas al bloqueo creativo, no obstante, Guido encontrará muy pronto a este símbolo como uno de los peores. Finalmente, todas las mujeres presentes en la vida de Guido se unirán en un aquelarre donde la belleza, el amor y los cuidados se transformarán en tormento y caos, el cual será domado por Guido, a costa de la sumisión y enajenación de las mujeres que lo acompañan.
El viaje de Guido muestra que la respuesta a la crisis y al bloqueo existencial no se encuentra en el tropo de la musa joven, sino en el viaje introspectivo y en el autoconocimiento como llave del proceso creativo. Este proceso, este mirar hacia dentro, no es algo fácil, Guido intenta escapar, entra en pánico, siendo arrastrado por sus propios fantasmas a un festín donde será cuestionado sin descanso por todas esas voces, llevándolo al límite, buscando respuestas en imágenes especulares. La resolución, es la muerte de una versión de sí mismo, un doloroso pasaje en la que su espíritu se transformará. El nuevo inicio es anunciado por el mago, arquetipo que anuncia el desfile en armonía y pureza de los fantasmas y voces internas de Guido, quien toma consciencia de que la vida es una fiesta, iniciando un baile en el que las contradicciones no desaparecen, sino que se integran. Guido comprende que este es un viaje no de construcción de un yo ideal, de un deber ser, sino de aceptación. Aceptación de su pasado, errores, limitaciones, que lo hacen ser él en toda su autenticidad.
La respuesta final de Fellini es un gran eco de la transformación final del espíritu de la que nos hablaba el Zaratustra de Nietzsche: el encuentro con nuevos valores en un acto de decir sí a la vida. Es la afirmación de la pulsión de vida sobre la pulsión de muerte. La solución de la crisis existencial y creativa de Guido es un decir sí a la vida, una nueva inocencia representada por el Guido niño que cierra esta fiesta onírica.
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