José Lira Rosiles
La figura del mentor posee un trasfondo cultural, literario e histórico amplio. Podemos encontrar el origen del mentor en la Odisea de Homero, donde Ulises, rey de Ítaca y héroe de la batalla de Troya, deja a Telémaco, su hijo, bajo los cuidados y protección de su madre Penélope y de su anciano amigo Mentor Alcímida, quien le ofrecerá consejo y guía sobre todo en los momentos más difíciles, infundiéndole valor y ánimo. Mentor será un apoyo constante durante su crecimiento y maduración a través de la enseñanza de un camino virtuoso, incluso, en ciertos momentos, la Diosa Atenea encarnará a Mentor para ofrecer guía y protección a Telémaco. De este modo, desde su origen, observamos al mentor como una figura de acompañamiento y sabiduría.
Los poemas épicos de Homero jugaron un papel fundamental en el desarrollo de la cultura y el pensamiento filosófico de Grecia. En la Atenas del siglo V a.C., época de oro de la democracia ateniense, encontramos una figura central para la figura del mentor: Sócrates. El filósofo griego, desempeño un rol de mentoría con uno de los jóvenes atenienses más prometedores: Alcibiades. El joven Alcibiades, miembro de una familia poderosa, quiere ser gobernante. Sócrates le hace ver, a través del autoconocimiento, que no está listo: quién no se conoce y gobierna a sí mismo no puede gobernar a los demás.
La enseñanza, y mentoría de Sócrates a Alcibiades, se fundamenta en el conocimiento de uno mismo, el cual es central para el liderazgo. Aunado a ello, Sócrates enmarca el conocerse a uno mismo con el cuidado de sí: es necesario despertar, no vivir en automático, hacernos cargo de nosotros mismos y estar preparados con herramientas y estrategias para hacer frente a los retos y dificultades de la vida, aunado al desarrollo de un autodominio y autogobierno sobre nosotros mismos. Esta será una de las bases fundamentales para el posterior desarrollo del estoicismo y lo que el filósofo Michel Foucault llamó las tecnologías del yo. Por otro lado, el rol de mentoría de Sócrates al joven Alcibiades, volvería a producirse con la educación y guía de Aristóteles a Alejandro Magno, en un marco de enseñanza de virtudes y conocimiento filosófico.
Ahora bien, en la literatura observaremos durante el inicio del Renacimiento otra gran figura de mentor: Virgilio en la Divina Comedia. Dante, quien se encuentra al inicio de su epopeya extraviado, en una selva oscura, sin saber cómo llegó ahí, presa de la desesperación y del miedo observará a Virgilio, uno de sus poetas más admirados, quien le ofrecerá apoyo, guía y nunca lo dejará solo en sus momentos más peligrosos. Aunado a ello, una vez transitado el camino, Virgilio dejará solo a Dante, para que este continúe su camino.
De esta manera, y haciendo esta breve revisión de algunas de las figuras filosóficas y literarias centrales del mentor, podemos observar, desde sus orígenes griegos, la formación del mentor como una figura de sabiduría, la cual nos acompaña, apoya y guía durante una etapa de nuestro desarrollo y guía. Como tal, la figura del mentor no es necesariamente la de un especialista técnico, no proporciona necesariamente una guía académica y disciplinar, sino que desempeña un rol fundamental en lo que Aristóteles llamaba frónesis, lo cual podemos traducir como razón práctica, la cual responde a preguntas vitales como: qué es correcto, qué es justo, qué es vivir una vida buena, qué es felicidad. El mentor es la figura por excelencia de la razón práctica, antes que de razón técnica.
El mentor, como figura de sabiduría, nos acompaña en el encuentro con nuestro sentido o propósito de vida, lo que en Japón se llama Ikigai y en el hinduismo Dharma: aquel Norte que nos guía, lo que nos da sentido, lo que nos hace vivir una vida feliz y auténtica, lo cual es también inseparable de principios éticos universales como la verdad, el amor, la amistad, la excelencia, entre otros. De tal manera, el mentor es un guía en el autoconocimiento, en el acto de conocerse a uno mismo, lo que nos mueve, lo que nos hace felices, del cómo nos relacionamos con los demás y nos integramos en comunidad.
Aunado al autoconocimiento y al encuentro con nuestro propósito de vida, se encuentra inevitablemente el establecimiento de nuestras metas y plan de vida, en las cuales el mentor desempañará también un papel de guía, promoviendo la autogestión, la autonomía y el pensamiento crítico. De tal manera, con esta guía, podemos construir un marco de vida y una brújula personal con la cual emprender nuestro propio viaje del héroe. Esta construcción, como una tarea profundamente vital, se da en un marco de enseñanza del principio de esperanza. El mentor es una figura de esperanza, educándonos y guiándonos bajo la idea de que podemos alcanzar nuestra mejor versión, ser autoeficaces en nuestras metas y poder lograr la felicidad.
¿Cuándo recurrimos a nuestro mentor? Si bien el mentor nos acompaña en todo momento, su guía es crucial ante grandes decisiones de vida, donde es necesario que, con su apoyo, observemos el panorama completo y mediante un diálogo de matiz socrático respondamos a ciertas preguntas: ¿qué es lo mejor que puedo hacer en esta circunstancia? ¿cómo entender esta situación en esta etapa de mi camino? ¿existen más soluciones que podría explorar, existen más posibilidades a tomar en cuenta? ¿qué es lo que está en mis manos, qué depende de mí y qué no? ¿cómo tomo una decisión guiada por mis valores y propósito de vida? Con su experiencia y sabiduría, el mentor nos guiará mediante este diálogo a encontrar el camino de decisión que más se alinee con nuestros valores, invitándonos a ver el panorama u horizonte lo más completo, encuadrando las decisiones que podamos tomar y, en ese camino, empoderándonos al tomar decisiones con consciencia e integridad.
Finalmente, tras acompañarnos en una etapa determinada de nuestra vida, de no dejarnos solos en nuestros momentos más difíciles, el mentor siempre sabrá cuando es momento de dejar que sigamos nuestro propio camino, sobre los principios de autonomía, ética y esperanza, equipados con la mochila de viaje que hemos preparado. En ese momento, habremos también alcanzado nuestra propia sabiduría y experiencia, pudiendo en algún momento de nuestras vidas desempeñar un rol de mentoría hacia aquellos en búsqueda de sentido y guía.
Referencias bibliográficas
Dante (2023). Divina comedia. Alianza.
Foucault, Michel (2002). La hermenéutica del sujeto. Curso en el Collège de France (1981-1982). FCE.
Homero (2022). Odisea. Gredos.
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