lunes, 15 de agosto de 2011

Arthur Miller (1949), Muerte de un viajante. La dialéctica trágica entre el ser y el tener.


Arthur Miller fue un dramaturgo estadounidense, referencia fundamental del teatro contemporáneo, finado hace apenas seis años. Originario de Nueva York e hijo de inmigrantes judíos polacos, estudió periodismo en la Universidad de Michigan. A los 28 años estrenó su primera comedia en Broadway Un hombre con mucha suerte, aunque logró el éxito hasta 1945 con su novela Focus. En 1949 obtuvo los premios Pulitzer de Teatro y del Círculo de Críticos de Teatro de Nueva York con La muerte de un viajante. La obra de Miller se caracteriza por su crítica política y social, cuyo objeto constante fue la cultura norteamericana. Por sus ideas padeció la persecución anticomunista encabezada por el senador Joseph McCarthy, siendo llamado a comparecer en 1956 ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Fue condenado por desacato aunque fue absuelto después de apelar la sentencia. También es conocido por haber estado casado con Marilyn Monroe (1956-1961), en la que se inspiró para escribir el guión de la película Vidas rebeldes (1960). En 2002 Miller recibió en España el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, en su discurso rememoró sus lazos con la cultura española, así mismo recordó a dos de sus compañeros universitarios que marcharon con la Brigada Abraham Lincoln para defender la República contra el alzamiento franquista. Rememoró la atracción permanente de su esposa Inge Morath por la España de grandes pintores pero también de campesinos, gente de pueblo y toreros, de la que dejó un legado fotográfico.
Muerte de un viajante (1949) versa sobre la vida de Willy Loman, vendedor viajante cuya vida deviene proyectada con ilusión siempre hacia un futuro que promete éxito y prestigio social. La vida de Loman corre paralela a las transformaciones urbanas y económicas de la primera mitad del siglo XX, ante todo, expresa los aspectos patológicos de este proceso. Los árboles, jardines y el aire fresco son progresivamente sustituidos por bloques de edificios y un sin número de autos que conforman parte importante del ambiente opresivo de la obra. Arthur Miller expone magistralmente en términos literarios el núcleo teórico de una obra que se publicaría más de una década después: To have or to be (1957), del filósofo alemán Erich Fromm. De acuerdo con Fromm, existen dos modos fundamentales de la experiencia, dos tipos distintos de la estructura del carácter: el tener y el ser.  El predominio de una de estas dimensiones del carácter humano determina el pensamiento y los actos del individuo, a sí mismo, este carácter está determinado por la estructura económica de la sociedad, a lo que Fromm denomina carácter social. El capitalismo industrial se fundamenta en un carácter social basado en la dimensión del tener, cuya consecuencia es la producción de sujetos “solitarios, angustiados, deprimidos, destructivos y dependientes”.
El sujeto orientado por la dimensión del tener se relaciona con el mundo, el saber y las personas bajo las anteojeras de la cosificación: Yo tengo conocimiento, yo tengo esposa, yo tengo auto; existe una identidad entre el sujeto y su posesión: “el sujeto no soy yo, sino que yo soy lo que tengo”;  “Los consumidores modernos pueden identificarse con la fórmula siguiente: yo soy = lo que tengo y lo que consumo”. Loman es consciente de los imperativos de un sistema basado en la existencia como tener, donde el éxito empresarial es el modelo de vida y horizonte social: “lo que importa no es lo que dices, sino cómo lo dices…porque la personalidad siempre es lo que te hace salir airoso”. Loman entiende cómo funciona el mundo basado en el valor de cambio: No importa lo que uno es o hace, sino lo que aparenta y a quiénes conoce. Los hijos de Loman, Biff  y Happy, notan la falsedad de la sociedad fundada en el valor de cambio, en la que no pueden expresar lo que son sino lo que aparentan: En un mundo fundado en el valor de cambio la apariencia lo es todo. En la obra, un ser humano vale porque representa un sueldo de cincuenta y dos mil dólares ante lo cual “las aguas se dividen ante él”. Biff  y Happy son constreñidos por la ideología del éxito y la consigna de “ser alguien importante”.

En relación antagónica, la existencia orientada por la dimensión del ser se constituye mediante un proceso vivo, productivo, a deferencia de la existencia como tener, que se basa en las relaciones cosificadas, muertas. Un sujeto orientado por el ser es activo, lo que para Fromm, quiere decir productivo, teniendo como condición la independencia y la libertad. Uno de los hijos de Loman, Biff, que constantemente es tenido por vago, expresa la búsqueda constante de la dimensión del ser, aunque en razón de una experiencia traumática. Biff reconoce el carácter alienante del trabajo citadino, el sometimiento a la disciplina y control bajo el inexorable imperativo de superar al prójimo, cuyo resultado es una vida miserable y dos semanas de vacaciones anuales. El ideal de Biff es la vida campestre. Otro personaje que expresa siempre la dimensión del ser es la esposa de Loman. Linda es el único personaje que reconoce absolutamente la dimensión del ser de Willy Loman, ya que lo ama incondicionalmente a pesar de que “nunca ha ganado mucho dinero y su nombre no ha salido nunca en los periódicos.” Linda ama a Willy porque es “la persona más agradable que haya existido en el mundo”.
Así mismo, como parte del ambiente opresivo de la obra, los bienes materiales anhelados por los personajes siempre se presentan como objetos frágiles, de los que nunca pueden disfrutarse. Casas que cuando se terminan de pagar no queda nadie que habite en ellas; neveras, cañerías y autos que apenas nuevos sufren desperfectos. Willy Loman percibe la naturaleza de las mercancías en la sociedad de consumo, nota aquello que nosotros conocemos como obsolescencia planificada: “Calculan la duración de estos chismes, sí, la calculan para que, en cuanto termines de pagarlos, dejen de funcionar”. Los bienes materiales, aunado a su fragilidad, nunca son sinónimo de felicidad; Happy, a diferencia de su hermano Biff, ha conseguido establecerse, teniendo su propio piso, automóvil y mujeres, pero es oprimido por una soledad que nunca es resuelta por las mercancías que posee.
Casi cuatro décadas después de viajar en auto como vendedor, Willy Loman nota horrorizado como en la empresa en la que ha dejado su vida no hay lugar para el respeto, la camarería y la gratitud. Loman entiende, en una espiral trágica que ya ha sido desatada, que en el sistema en el que vive sólo puede vender lo que tiene, no lo que es y todo lo que tiene al final del camino es un cansancio aturdidor. El hombre no es concebido como un ser humano sino como un objeto-mercancía que puede desecharse en cualquier momento cuando ha perdido su valor de cambio, todo ello bajo la consigna “el  negocio es el negocio”. Muerte de un viajante, refleja magistralmente la consecuencia más cruda de un sistema social basado en las apariencias y el valor de cambio: La destrucción del ser humano.


Referencias
Miller, Arthur (2006), Muerte de un viajante, Tusquets, México.
Fromm, Erich (2006), ¿Tener o ser?, Fondo de Cultura Económica, México.


















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