En la primera escena de la película nos encontramos claramente ya en una ensoñación. Guido se encuentra atrapado en su auto en un tráfico abrumador y opresivo, en medio del cual entra en desesperación y de la cual acierta a escapar volando. En esta escena del tráfico, el siguiente fotograma surrealista nos presenta ya la multitud de personajes que visionados en un caleidoscopio constante observarán, cuiestionarán y demandarán la atención de Guido en este viaje.
Otro de los personajes constantes en el viaje Guido es el crítico, quien aparece desde la segunda escena, con una crueldad paciente e implacable, busca a Guido incluso en la enfermedad. Aparecerá constante como una voz crítica, irónica e hiriente que bien puede representar la voz crítica interna del artista, el mal del impostor encarnado, una autoexigencia y sistematicidad llevadas al absurdo que forman parte importante del propio bloqueo creativo.
El viaje de Guido se deselvuelve en la película en medio de espacios amplios, que desconciertan por su carácter irreal, lo cual será notado por uno de los personajes en un momento de la película. Estos espacios funcionarán como un gran teatro de la ensoñación caleidoscópica de Guido, que en conjunto con la banda sonora, funcionará como espacio de magia y alquimia de su mundo interno.
Un símbolo central del viaje de Guido son las mujeres, lo cual nos es representado de manera metafórica en la segunda escena, donde Guido yace enfermo y sobre la cama contigua aparecen una multitud de fotos de mujeres. Una de las primeras mujeres que aparece es Gloria Morin, amante de su amigo Mario Mazza, quien apareciendo de forma dramática en privera hace alusión a la crueldad de las abejas al drenar la vida de las pobres flores.
La multitud de mujeres que aparecen en la vida de Guido, desde su madre, sus primeros acercamientos a la sexualidad, hasta su esposa y amantes, aparecerán de forma constante, a menudo atormentándolo, en el cual podemos encontrar matices no sólo de culpa, sino de autocrítica. El símbolo de la mujer joven, con su promesa de pureza y un nuevo inicio, aparecerá como una de las respuestas al bloqueo creativo, no obstante, Guido desde un inicio encuentra esta solución como una de las peores.
El viaje de Guido muestra que la respuesta a la crisis y al bloqueo existencial no se encuentra en el tropo de la musa joven, sino en el viaje introspectivo mismo. Al final del viaje, todos los personajes del teatro de Guido descenderán en armonía y felicidad, acompañándolo en un viaje en el que el personaje central final es el Guido Joven. En esta escena encontramos un gran eco de la transformación final del espíritu de la que nos hablaba el Zaratustra de Nietzche: el encuentro con nuevos valores en un acto de decir sí a la vida. La solución de la crisis existencias y creativa de Guido es un decir sí a la vida, una nueva inocencia.


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