lunes, 4 de noviembre de 2013

Kleingeld, Pauline (2004): Approaching Perpetual Peace: Kant´s Defense of a League of States and his Ideal of a World Federation. (Traducción).

Texto: Kleingeld, Pauline (2004): Approaching Perpetual Peace: Kant´s Defense of a League of States and his Ideal of a World Federation. European Journal of Philosophy 12: 304-325. Traducción al español por José Lira Rosiles, con fines exclusivamente académicos.  Artículo: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.0966-8373.2004.00212.x/abstract




Aproximación a la Paz perpetua: La defensa de Kant de una liga de Estados y su ideal de una federación mundial.
Pauline Kleingeld.[1]

La visión estándar de la posición de Kant en las relaciones internacionales es que él propone una liga voluntaria de Estados y rechaza el ideal de una federación mundial de Estados como peligrosa, poco realista y conceptualmente incoherente. Esta visión estándar domina tanto en la literatura kantiana como en los debates entre los teóricos políticos kantianos. Sin embargo, precisamente John Rawls y Jürgen Habermas, por ejemplo, podrían discrepar sobre si Kant está en lo correcto al defender una asociación voluntaria de Estados, su controversia está en la interpretación estándar de la posición de Kant. En El derecho de gentes, la apelación de Rawls a las razones afirmadas por Kant para rechazar el ideal de un gobierno mundial, sirve como un atajo teórico, liberándolo de la tarea de discutir la conveniencia de una federación mundial de Estados.[1] En el ensayo de Habermas de 1995 sobre la Hacia la paz perpetua de Kant, el argumento para transformar a las Naciones Unidas en una democracia cosmopolita con poderes coercitivos fortalecidos está precedido por un largo argumento que muestra que la posición de Kant en Hacia la paz perpetua está lleno de contradicciones y que los propios principios de Kant deberían permitirle argumentar a favor de un Estado federativo de Estados con poderes coercitivos.[2]

En este ensayo argumento que la visión estándar de la posición de Kant está equivocada y que él, en realidad, sostiene una tercera posición que combina la defensa de una liga voluntaria con un argumento a favor del ideal de una federación mundial con poderes coercitivos. Hago esto a través de un análisis de las tres principales críticas que usualmente son alineadas contra Kant. Estas críticas pueden ser encontradas a través de la literatura de Kant y en las obras de los oponentes de Kant, pero son particularmente centrales en los recientes intentos de usar Kant contra Kant para propugnar el establecimiento de un gobierno mundial. Primero, él es criticado por reducir, con fundamentos empíricos, el ideal de un Estado de Estados a la de una liga voluntaria no coercitiva de Estados, mientras que permanece sosteniendo que la razón práctica pura demanda un Estado de Estados. Los críticos acusan que la coherencia demanda que él propugne por un Estado federativo de Estados con poderes coercitivos, y que la apelación de Kant al hecho de que los Estados no quieren unirse a tal institución constituye, sin duda, un argumento no kantiano.[3] Segundo, los críticos objetan que un Estado de Estados no es una contradicción en los términos y, por tanto, que Kant no lo debería haber rechazado, fundamentando así una incoherencia conceptual.[4] Tercero, con frecuencia los críticos objetan que una simple liga no ayudaría a conseguir la paz porque no hay diferencia práctica entre una liga voluntaria no coercitiva y ninguna liga en absoluto.[5]

Aquí defiendo a Kant contra aquellas tres acusaciones, y argumento que ellas descansan en una incorrecta interpretación del argumento de Kant de una liga de Estados, en particular en una incorrecta interpretación de la relación entre su defensa de la liga de Estados y su afirmación de que la razón demanda un Estado de Estados. Kant propugna el establecimiento de una liga de Estados no coercitiva,[6] por lo menos en sus obras políticas de madurez (tal como la Paz perpetua y Metafísica de la moral), pero él lo hace por razones que constituyen un buen juicio dentro de la estructura de su teoría política y que son compatibles con el ideal más fuerte de un Estado de Estados.

Aunque el argumento presentado aquí concierne a la interpretación de la teoría de la paz de Kant, tiene implicaciones para ambas líneas de teóricos políticos kantianos mencionados arriba. Contra aquellos quienes afirman que su exhortación para un Estado federado de Estados con poderes coercitivos es simplemente un perfeccionamiento kantiano del propio argumento de Kant, muestro que las razones de Kant para propugnar por una liga voluntaria en lugar de un Estado de Estados no son inconsistentes y merecen ser tomadas seriamente. Contra aquellos quienes usan a Kant, como por ejemplo Rawls lo hace, para justificar el evitar una discusión del ideal de un gobierno federal mundial, muestro que, de hecho, es inapropiado hacer eso.

En la primer sección muestro por qué exactamente Kant sostiene que los Estados en el estado de naturaleza no tienen un derecho a obligar a otros Estados dentro de un Estado de Estados contra su voluntad, aunque la analogía del Estado de naturaleza entre individuos podría parecer requerir tal como derecho. En la segunda sección argumento que Kant no considera el Estado de Estados como conceptualmente contradictorio y que su propia defensa del ideal de un Estado de Estados es compatible con su visión de la soberanía estatal. En las secciones tercera y cuarta, explico cómo, de acuerdo con Kant, la liga voluntaria de Estados sirve para traer un Estado de Estados cerca de la realización, a pesar de que la liga carece de autoridad coercitiva. Finalizo indicando cómo una visión revisada de Kant puede hacer productivos los propósitos filosóficos para la actualidad, sugiriendo varias correcciones a las actuales teorías políticas kantianas.

Antes de comenzar, debo hacer un comentario terminológico sobre el uso de “Estados” y “pueblos”. Es claro e incuestionable que Kant está discutiendo las relaciones entre Estados, no naciones o pueblos, en un sentido étnico, cultural o nacionalista. El término “Völkerstaat” hace referencia a un Estado de Estados, a pesar del hecho de que “Volk” es generalmente mejor traducido como “pueblo”. En ninguna parte Kant propugna por la disolución de los Estados existentes en favor de la formación de un sólo Estado mundial bajo el cual los individuos podrían ser directamente subsumidos. En el caso presente, Kant utiliza el término “pueblo” en el sentido político de un grupo de individuos quienes están unidos bajo leyes comunes, por tanto son quienes forman un Estado (cp. PP VIII, 344). En consecuencia, Kant señala en el inicio de su discusión sobre el derecho internacional[7], en Hacía la paz perpetua, que él discute a los “pueblos como Estados” (Völker als Staaten) (354), y en la subsecuente discusión él refiere indistintamente a una liga “de Estados” y una liga de “pueblos”. En otro lugar, Kant observa que el “derecho de los pueblos” (Völkerrecht, international law) es un nombre poco apropiado y que el término apropiado podría ser “derecho de Estados” (Staatenrecht, MM VI, 343; un pueblo con un supuesto linaje común que él llama un “Stammvolk”, MM VI, 311). Para mantener la discusión debajo centrada en las relaciones entre “pueblos como Estados” y evitar los malentendidos nacionalistas, y usar “Estado de pueblos” como sinónimo de “Estado de Estados”. Esto no debería conducir a un malentendido estatista. Uno debería tener en cuenta que Kant concibe al Estado como la auto-organización política de un grupo de individuos y que él no considera los derechos otorgados al Estado como independientes de los derechos de estos individuos.

I. El despotismo potencial de un Estado de Estados establecido coercitivamente

Uno de los pasajes más conocidos en el que Kant defiende el establecimiento de una liga en lugar de un Estado de Estados es el siguiente:
“Como concierne a las relaciones entre Estados, de acuerdo con la razón no puede haber otra forma para ellos que emerger desde una condición sin ley, que contiene sólo guerra, a renunciar, así como hacen los seres humanos individuales, a su libertad salvaje (sin ley, lawless), y acostumbrarse a sí mismos a las leyes públicas y obligatorias, y de este modo formar un (constantemente en expansión) Estado de pueblos (Civitas gentium), el cual podría finalmente constar de todos los pueblos de la tierra. Pero ellos no buscan esto en lo absoluto, de acuerdo con su concepción del derecho de gentes (por tanto, rechazando in hypothesi lo que es correcto in thesi);[8] por lo tanto, en lugar de la idea positiva de una república mundial (si no todo se ha perdido) solo el negativo, sustituto de una liga [Bund] perdurable y en constante expansión, que evite la guerra y que pueda detener el flujo de las inclinaciones de evitar la ley y comportare hostilmente, pero con una constante amenaza de su evasión… (PP VIII, 357).
Aquí Kant menciona el Estado de Estados (“Estado de pueblos”) como una idea de la razón. La visión de que el estado de naturaleza entre los individuos puede ser vencido solo subjetivándose a sí mismos en las leyes públicas en un Estado es central para la teoría política de Kant. En el pasaje citado, él afirma que la razón demanda que los Estados realicen lo mismo y abandonen el estado de naturaleza internacional renunciando a su soberanía externa, subjetivándose a sí mismos en las  leyes públicas de un Estado de Estados (también llamado una “república mundial”). Para la consternación de sus lectores, sin embargo, Kant propone el establecimiento de una liga voluntaria de Estados sin fuerza coercitiva legal.

El pasaje es generalmente considerado como inconsistente, y su interpretación estándar conduce  directamente a la primera objeción contra la defensa de Kant de la liga de Estados. Algunos comentadores critican a Kant, otros lo elogian por limitarse a que lo que la razón demanda sobre las bases de la consideración empírica es que los Estados no buscan ingresar a un Estado de Estados. Pero todos concuerdan en que este argumento es decididamente un movimiento no kantiano.[9] Kant es visto como argumentando que la idea de un Estado de Estado es buena en teoría pero poco realista en la práctica, y este es exactamente el tipo de argumento que él mismo repudia repetidamente, de modo más notable en Sobre el dicho común: esto puede ser verdad en la teoría, pero no es la práctica.

Me gustaría proponer que la importancia de que los estados busquen ingresar a un Estado federativo de Estados puede y debería ser interpretado diferentemente, y que su negativa a ingresar es una buena razón para Kant, dado sus otros compromisos teóricos, a proponer el establecimiento de una liga voluntaria. Permítaseme señalar primero que Kant no dice (como él es a menudo pensado) que uno debería rechazar la idea de un Estado de Estados. Tampoco él afirma que los Estados nunca querrían ingresar a tal cuerpo. Lo que él dice es que porque los Estados no quieren ingresar a un Estado de Estados y (mal) interpretan el derecho internacional como un derecho a permanecer en el Estado de naturaleza, como un cuerpo que no es capaz de “detener el flujo de la evasión de la ley y las inclinación a la hostilidad” que es la característica del estado de naturaleza, y que la única cosa que puede detenerlo es una liga en continua expansión. Por lo tanto, él afirma, una liga, no un Estado de Estados, es necesaria para el propósito de abandonar el estado de naturaleza (para “detener el flujo…” de belicosidad). Kant se nos presenta con una visión de cómo comenzar a abandonar el estado internacional de naturaleza; él no dice que deberíamos rechazar por definición la idea de una república mundial.

De hecho, Kant defiende el Estado de Estados como ideal no solo en la cita discutida aquí, sino también en otros, a menudo ignorados, pasajes. En Hacia la paz perpetua, él expresa la esperanza de que “partes distantes de el mundo puedan pacíficamente entrar en relaciones entre sí, relaciones que pueden finalmente convertirse en públicamente legales y traer así finalmente a la humanidad cada vez más cerca de una constitución cosmopolita” (PP VIII, 358).[10] Él escribe que la justicia requiere “una constitución interna del Estado en concordancia con los principios puros del derecho, y aún más, no obstante, la unión de este Estado con otros próximos o también Estados distantes, con el propósito de un acuerdo legal de sus conflictos” (PP VIII, 379). Similarmente, él escribe en Metaphysics of Morals, que antes de que los Estados abandonen el Estado de naturaleza todo derecho internacional es meramente “provisional”, y que el derecho internacional puede acercarse a contener definitivamente y establecer una verdadera paz perpetua sólo “en una unión universal de Estados [Staatenverein] (análogo a aquel en el que un pueblo se convierte en Estado)”, un cuerpo que Kant aquí llama También un “Estado de pueblos” (Völkerstaat, MM VI, 350).

Volviendo ahora a la cuestión de cómo armonizar la propuesta de Kant de una liga de Estados con su defensa del Estado de Estados como un ideal, comienzo con unas pocas palabras acerca de la analogía entre el Estado de naturaleza entre individuos y aquel entre Estados. Muchos comentaristas afirman que porque Kant mantiene que el Estado de naturaleza entre individuos puede ser superado sólo por el establecimiento de un Estado con leyes comunes y una aplicación de la ley, él debería también usar al Estado como el modelo para superar el Estado de naturaleza internacional.[11] Por tanto, él debería haber propuesto una federación de Estados con leyes públicas coercitivas y que los Estados otorgaran la autoridad para obligarse mutuamente a entrar a un Estado federal de Estados.

De modo interesante, en los textos de la década de 1780 (como Idea para una historia universal en sentido cosmopolita), Kant mismo defiende su interpretación fuerte de la analogía entre los dos estados de naturaleza (cp. VIII, 24-5). Pero él después se percata de que la analogía falla en un aspecto importante. Como resultado, él abandona esta temprana visión, rechazando explícitamente que la analogía opere lo suficientemente profundo como para producir una defensa de un Estado de Estados como un problema del derecho internacional (derecho de los pueblos).

La no analogía, él escribe en la Hacia la paz perpetua, es que “los Estado tienen ya una constitución legal interna, y así ellos han sobrepasado la coerción de otros para someterlos a una constitución legal más amplia de acuerdo con su (concretamente otros) concepción del derecho” (PP VIII, 355-6). Este pasaje es enigmático, y la metáfora del aumento de Kant no es útil. Uno podría estar tentado a invocar  el segundo y quinto artículos preliminares en la Hacia la paz perpetua, que formulan versiones de el principio de no-interferencia. Pero una apelación a este principio no explica aún por qué Kant lo considera como incorrecto coercionar a los Estados a ingresar a un Estado de Estados, especialmente dado que él también cree que un Estado de Estados es mandando por la razón práctica.

Hay, sin embargo, un modo de entender la importancia de los Estados buscando ingresar que hace un buen sentido con los pasajes problemáticos y que explica en qué sentido los Estados han “superado” la coerción de otros. Esta lectura es más plausible que la visión estándar porque no requiere que consideremos a Kant como abiertamente contradictorio consigo mismo en uno y el mismo parágrafo, y que en su lugar nos permite encontrar una línea coherente de argumentación que es apropiada con otros principios mayores de la teoría de Kant.

Cuando los individuos salen del estado de naturaleza, el Estado que ellos forman podría no ser perfecto. Kant cree que eso es siempre mejor que el estado de naturaleza que ellos dejan atrás –porque, en su visión, cualquier condición jurídica, incluso una que sólo parcialmente esté en concordancia con principios de derecho, es mejor que ninguna en absoluto-[12], aunque podría (y es probable) ser el caso que los individuos más poderosos o grupos legislen y gobiernen en un modo despótico. (Kant también espera, no obstante, que tal Estado despótico puede transformarse por sí mismo a una república, y que esta mejora está impulsada por el auto-interés de los pueblos y sus gobernantes, si no por su buena voluntad).[13]

En el nivel internacional, sin embargo, la situación es muy diferente. Cuando los Estados salen del Estado de naturaleza, un Estado de Estados con poderes coercitivos no es necesariamente mejor, en términos de derecho, que el estado de naturaleza internacional. Hay una importante diferencia que explica por qué Kant propone una voluntaria y no coercitiva liga en lugar de un coercitivo Estado de Estados.

La diferencia sale a la luz cuando uno se percata que los Estados que ceden un derecho a forzar a otros Estados dentro de una federación con poderes coercitivos, podría significar, de modo análogo, el derecho de los individuos a forzar a otros dentro de un Estado, por analogía, que el Estado más fuerte (o grupo de Estados) podrían terminar estableciendo los términos, sometiendo a otros Estados dentro de sus leyes e intereses. Kant cree que en el caso de individuos abandonando el Estado de naturaleza, existe un progreso incluso si el Estado recientemente formado es despótico. En el caso de los Estados que abandonan el estado de naturaleza, por contraste, un Estado despótico de Estados podría anular cualquier derecho ya existente que son asegurados internamente por los Estados sometidos, y por tanto un Estado despótico de Estados puede violar severamente la libertad legal. Después de todo, no existe razón para asumir que el Estado más fuerte (o grupo de Estados) actúa en concordancia con los requerimientos del derecho (o que actúa más que los Estados dominados). Los Estados con menos poder podrían ser los únicos que están más de acuerdo con la justicia. El Estado de Estados podría estar gobernado por leyes que son inconsistentes con la libertad (autonomía) de los Estados miembros, y un despótico Estado federal de Estados podría, por ejemplo, destruir las instituciones “republicanas” a través de las cuales los ciudadanos de un Estado miembro particular se dan leyes a sí mismos.[14]

Todavía no parece que el riesgo de malas consecuencias sea en sí mismo la razón de por qué Kant objeta coercionar a los Estados reticentes dentro de una federación. Kant no dice que esto, y de hecho si así fuera, podría llevarle a la objeción de que esta línea consecuencialista de argumentación podría comprometerlo a respaldar casos en que un grupo de poderosos Estados “republicanos” y respetuosos de los derechos obligan coercitivamente a Estados despóticos reticentes dentro de la federación. Después de todo, tal coerción podría ampliar la libertad externa de la población de tales Estados despóticos y ello podría parecer que si el riesgo de la libertad es una razón para no coercionar  a los Estados justos dentro de una federación, la oportunidad de expandir la libertad podría ser una razón para coercionar a los Estados injustos. Pero esta es una estrategia que Kant claramente no respalda.

Qué explica la importancia de los Estados que buscan ingresar, y qué encuentra apoyo en los textos, es la visión de Kant del Estado ideal como la unión de individuos con el propósito de existir bajo leyes comunes que se han dado a sí mismos, con la convicción de que obligar a los Estados a ingresar a un Estado de Estados contra su voluntad, podría violar la autonomía de esos individuos así como la autonomía del pueblo que ellos componen colectivamente. Kant considera al Estado principalmente como uniones de individuos, e idealmente como uniones republicanas de individuos políticamente autónomos (i.e., auto-legisladores). Obligarlos dentro de un Estado de Estados podría ir en contra de la idea básica de la forma de gobierno como una unidad de auto-determinación y auto-legislación.

Esto es ilustrado de modo más claro por los casos en que un Estado despótico de Estados podría destruir derechos y libertades asegurados dentro de los Estados relativamente justos. Pero ello se mantiene cierto incluso en casos en que la coerción está prevista en nombre del propio bien de la población. Incluso si parece que los ciudadanos de Estados brutalmente opresivos podrían preferir vivir bajo una federación republicana más que sus gobernantes opresivos, y por lo tanto que su autonomía podría servir para coercionar a su Estado a una federación, ello podría ser de hecho que lo que ellos realmente quieren es estar en la posición de decidir por ellos mismos en esta materia. Las personas bien podrían querer liberarse de su tirano, pero de ello no se sigue que ellos quisieran ingresar a un Estado particular de Estados con su particular concepción de la justicia. Así, una inclusión coercitiva de un Estado por el bien de la población desciende esencialmente a una línea paternalista de razonamiento que no considera la autonomía política de las personas a las que pretende servir, y las objeciones de Kant al paternalismo son bien conocidas. Los individuos dentro de los Estados despóticos podrían no querer ingresar al Estado coercitivo (o grupo de Estados) en últimos términos. Esto está también ilustrado por los varios intentos fallidos de parte de Estados fuertes que se comprenden a sí mismos como “republicanos” o “democráticos” a imponer su versión de republicanismo o democracia en las poblaciones de, hasta el momento, Estados despóticos –esta fue la experiencia de, por ejemplo, la Francia revolucionaria a fines del siglo dieciocho, y también de la Unión Soviética y los Estados Unidos en el siglo veinte.

Esto parece ser lo que significa en el pasaje, citado ya arriba, en el que Kant afirma que los Estados han “sobrepasado la coerción de otros para someterlos a una constitución legal más amplia de acuerdo con sus (concretamente ‘otras’) concepciones del derecho” (PP VIII, 355-6). Esta afirmación no menciona los riesgos, sino más bien indica que la autonomía de los individuos hace que los Estados coloquen limitaciones normativas en el camino de los Estados que salen del Estado de naturaleza internacional.[15] Así, no hay paralelo en el nivel internacional de un derecho que es otorgado a los individuos en el estado de naturaleza, concretamente, del derecho de obligar a otros individuos o cualquiera a entrar dentro de un Estado con ellos o dejarlos solos (comp. PP VIII, 349, nota).

El punto de Kant no es que un Estado de Estados sea más probable de ser despótico (o probablemente ser más despótico) que sus Estados constitutivos. Más bien, su punto es que los supuestos de partida en el estado de naturaleza entre individuos son relevantemente diferentes de aquellos en el caso del estado de naturaleza entre Estados. En el primer caso, uno comienza con un universal estado de naturaleza, mientras que en el segundo caso el estado de naturaleza existe solo en las relaciones externas entre Estados que internamente tienen ya un estado civil. Obligar a individuos a abandonar el estado de naturaleza con el fin de someterlos a leyes civiles comunes conduce sólo a mejorar (en los términos normativos de Kant), porque establece una condición civil donde no había ninguna. Obligar a los Estados existentes dentro de un Estado de Estados con poderes coercitivos, por el contrario, viola la autonomía de su población (y podría también conducir a violaciones de derechos y libertades que han asegurado dentro de su Estado). Por lo tanto, no existe derecho a coaccionar  a los Estados reticentes dentro de un Estado de Estados. Como Kant lo establece en los Vorarbeiten, a los Estados se les permite resistir los intentos de otros para forzarlos a ingresar a un Estado federativo de Estados porque dentro de ellos la ley pública ha sido ya establecida, mientras que en el caso  de los individuos dentro del estado de naturaleza nada de eso toma lugar” (XXIII, 168).

El argumento de Kant no depende de algún supuesto particular sobre la motivación de los Estados para evitar ingresar al Estado coercitivo de Estados. Esto es válido independientemente de si la razón de los Estados para no ingresar es el intento consciente de proteger la autonomía política de sus ciudadanos en relación con un existente Estado de Estados internamente despótico, o la adscripción auto-interesada o pertinaz de los Estados de su soberanía externa sobre las bases de una visión equivocada del derecho internacional. Además, ello se aplica tanto a los Estados que cumplen con los principios del derecho en un grado escaso, como a aquellos que son repúblicas casi perfectas. El punto de Kant, acentuando la diferencia, no es defender el aislacionismo o las políticas auto-interesadas de los Estados imperfectos; más bien, el punto es que no existe un derecho general a obligar a los Estados reticentes a ingresar dentro de un Estado de Estados. Esto no implica que él apruebe el aislacionismo o las políticas exteriores auto-interesadas, por supuesto, y uno debería tener en mente que Kant también espera que el deber demanda que los Estados ingresen a una liga de Estados con vista a promover la paz internacional, así ellos deben hacerlo aunque ellos no deberían ser forzados a hacerlo.

Es importante notar aquí que los comentaristas que critican a Kant por minimizar la importancia de la analogía entre el estado de naturaleza entre individuos y aquella entre Estados, a menudo fallan en tomar seriamente los problemas relacionados con una analogía estricta. La mayoría de ellos contradictoriamente permiten un ingreso y una secesión voluntarios. Los pocos autores quienes siguen la supuesta analogía a su conclusión lógica exponen los peligros relacionados con esta visión. De acuerdo con Thomas Carson, por ejemplo, en un ensayo titulado “Paz perpetua: Lo que Kant debió haber dicho”, ni la democracia o el consenso son requeridos para la creación de un Estado de Estados:
“Si…la creación de un gobierno mundial podría requerir que todas las naciones tengan formas de gobierno “republicanas” o democráticas, entonces las posibilidades para la creación de un gobierno mundial no son buenas. Podría parecer improbable que todas las naciones podrían alguna vez estar de acuerdo en una forma particular de gobierno. Pero esto no es necesario para la creación de un gobierno mundial. Podría ser suficiente si todos los grandes poderes (o todos los poderes nucleares) concuerdan con la idea de un Estado mundial. Ellos podrían entonces unirse y obligar a otras naciones a ingresar”.[16]
Si el Estado de Estados está fundamentado en el puro poder de unos pocos Estados con el arsenal que pueda obligar a todos los otros, es claro que la autonomía política de los ciudadanos de los Estados que son así obligados se ha evaporado, y que la naturaleza despótica de este proceso es  evidente.[17] Kant tiene buena razón entonces, dado sus compromisos más amplios, para no propugnar la formación coercitiva de un Estado de Estados y propugnar mejor por una liga.

Creo que esta lectura del argumento de Kant hace un buen juico del pasaje citado al comienzo de esta sección, pero lo hace en un modo que se aparta de la visión común que Kant estableció para una liga más que un Estado de Estados sobre fundamentos “realistas”. De hecho, Kant nunca renuncia al ideal de un Estado federal de Estados por razones de viabilidad. En vez de ello, su defensa de una liga de Estados está inspirada por una preocupación de que un Estado de Estados que es establecido a través de la coerción de los Estados reticentes, se opone a la autonomía política de los ciudadanos de los Estados miembros. Una paz verdadera y durable ciertamente requiere que los Estados formen un Estado de Estados (por analogía con la formación de un Estado), pero Kant niega que el modo de conseguir este objetivo deba ser análogo también. La visión positiva de Kant de cómo esta meta debe y puede ser conseguida se aclarará en las secciones abajo III y IV.

II. Soberanía y la importancia del desarrollo político y moral

Kant expone un segundo argumento en favor de una liga de Estados (y en contra de forzar a los Estados dentro de un coercitivo Estado de Estados). Ello es también generalmente pensado como altamente problemático, aunque argumentaré que esta crítica descansa en una malinterpretación.

En un importante pasaje, en el inicio de su discusión del principio del derecho internacional, Kant parece rechazar el establecimiento de un Estado de Estados citando una “contradicción” que podría entonces resultar:

“Los pueblos, como los Estados, pueden ser juzgados como seres humanos individuales quienes, cuando en el estado de naturaleza (esto es, cuando ellos son independientes de leyes externas), se dañan los unos a los otros estando cerca los unos de los otros; y cada uno de los cuales, en nombre de su propia seguridad, pueden y deben exigir al otro que ingrese con él dentro de una constitución, similar a una civil, bajo la cual son garantizados sus derechos a cada uno. Esto podría constituir una federación o liga de pueblos [Völkerbund], la que no podría, sin embargo, necesitar ser un Estado de pueblos.[18] En ello podría situarse una contradicción, porque todo Estado supone la relación entre un superior (quien legisla) con un inferior (quien obedece, concretamente, el pueblo), mientras que muchos pueblos dentro de un Estado podrían formar un solo pueblo, lo cual contradice la presuposición (porque nosotros debemos considerar el derecho de los pueblos en relación con uno al otro, desde el momento en que ellos hacen muchos diferentes Estados y no deberían unirse dentro de un Estado único)” (PP VIII, 354).

Los intérpretes a menudo asumen que la frase de Kant “en ello podría situarse una contradicción” refiere a una incoherencia conceptual de la noción misma de un Estado de Estados.[19] En su extensamente utilizada traducción, H. B. Nisbet refuerza esta suposición traduciendo la cláusula como sigue: “a mi modo de ver la idea de un Estado internacional es contradictoria, porque…”.[20] De acuerdo con esta lectura, Kant lo considera como parte del concepto de un Estado que tiene completa soberanía. Si los Estados fueran a ingresar a un Estado de Estados ellos podrían tener que renunciar a su soberanía y, por tanto, cesar de existir como Estados en el sentido propio del término. Abolir su estatus como Estado en el acto de ingresar, los Estados podrían de hecho formar solo un Estado único, y no un Estado de Estados, y por tanto, Kant piensa en argumentar que la misma idea de un Estado de Estados es contradictoria.

Sobre las bases de esta interpretación, los críticos han reclamado que Kant abandona la posibilidad de que los Estados transfieran solo parte de su soberanía al nivel federal del Estado de Estados. Ellos podrían renunciar sólo a su soberanía en sus relaciones referentes a unos con otros, y ellos podrían conservar soberanía en sus asuntos internos. Se dice que Kant ha estado bajo el encantamiento de un prejuicio hobbesiano sobre la soberanía, un prejuicio que, afortunadamente, es fácilmente evitado sin necesidad de algún cambio estructural en la teoría política de Kant. La resultante (y supuestamente más consistente) posición kantiana podría entonces propugnar por un Estado mundial.[21]

Me gustaría argumentar que la contradicción está en otro lugar. Primero, es importante señalar que la segunda objeción inquietantemente queda bien con la primera, aunque muchos comentaristas mencionan ambas. Si Kant rechaza un Estado de Estados como una contradicción en los términos, el argumento enfocado por la primera objeción podría no ser solo malo sino también completamente superfluo. Si uno puede mostrar que cuadrar un círculo es conceptualmente contradictorio, no es necesario –de hecho es muy extraño- argumentar también que hay razones empíricas por las que las personas podrían rechazar dibujar uno.

Aún más importante, Kant de hecho no escribe que el concepto de un Estado de Estados sea contradictorio. Más bien, él afirma que existe una contradicción entre el concepto de un Estado de Estados, por un lado, y una “presuposición” fundamental del derecho internacional, por el otro. Conceptualmente, un Estado de Estados constituye solo un Estado. Es una presuposición del derecho internacional (derecho de gentes, derecho de los Estados), sin embargo, que concierne a las interacciones de una pluralidad de Estados. Como derecho internacional, entonces, no puede ser fundamentado en el ideal de un Estado mundial de Estados, porque si hay algo como un cuerpo político global, podría haber, estrictamente hablando, solo un Estado, y entonces el derecho internacional no podría ser aplicable. Similarmente, Kant inicia la discusión sustentada después en Hacia la paz perpetua diciendo: “La idea del derecho de gentes presupone la separación de muchos Estados vecinos que son independientes los unos de los otros” (VIII, 367, véase también XXIII, 168). En síntesis, cuando uno habla sobre el derecho internacional uno debería referirse a la regulación legal de las interacciones entre una pluralidad de diferentes Estados, no las leyes internas de un solo Estado mundial.[22]

Si este es el argumento de Kant, sin embargo, uno podría objetar que él podría haber eliminado la contradicción remplazando el “derecho de gentes” con algo como el “derecho de un Estado de Estados”.[23] Uno podría entonces considerar su misma suposición de que es importante establecer el derecho internacional como una premisa cuestionable.

La respuesta de Kant se sitúa en su, a primera vista, interesante observación, en la cita en el inicio de esta sección, de que los Estados “no deberían fusionarse” (PP VIII, 354). Esta creencia motiva su insistencia en el establecimiento del derecho internacional (“derecho de los Estados”, como opuesto al establecimiento del “derecho de un Estado de Estados”). Pero no es inmediatamente claro por qué los Estados no deberían fusionarse, especialmente dada la convicción de Kant de que el Estado de Estados es exigido por la razón.

La razón de Kant para creer que los Estados no deberían fusionarse no es que ellos deberían preservar su soberanía sino que el tipo de fusión que él tiene en mente aquí es peligrosa. Él explica su objeción a la fusión de los Estados afirmando que podría ser malo si los Estados forman una así llamada “monarquía universal”. Por el último término él quiere decir un imperio global que es formado cuando los Estados se “fusionan” al ser absorbidos dentro de un solo Estado hegemónico fuerte (PP VIII, 367). Este tipo de gobierno mundial no federal, establecido por un solo Estado imperialista que engulle a todos los otros, conduce al “despotismo impersonal” y a la paz del cementerio (PP VIII, 367).[24] 

La objeción de Kant a la formación de una monarquía universal no implica el rechazo de un Estado federal de Estados. En los pasajes bajo consideración, Kant explica su rechazo de la fusión de los Estados en términos de su rechazo a la formación de una monarquía universal. Ello no significa que él rechace el ideal de una federación global de Estados. Si él se opusiera a cualquier transferencia de soberanía externa, uno podría esperar que él criticara fuertemente la creación de los Estados Unidos de América, lo cual él no hace (comp. MM VI, 350), y por supuesto podría ser extraño para Kant afirmar, como él hace repetidamente, que el Estado de Estados es exigido por la razón. Sin embargo, como Sharon Byrd ha señalado,[25] muchos comentaristas erróneamente interpretan el argumento de Kant contra la “monarquía universal” como un argumento contra todas las formas de gobierno mundial.

Así, Kant puede consistentemente rechazar la “fusión” de Estados y aun defender el ideal de una federación mundial. De hecho, en su visión, la separación inicial de los Estados, reforzada por las diferencias en el lenguaje y la religión, impulsa el desarrollo interno dentro de los Estados (también llamado por Kant ”cultura”), y este desarrollo preparará a la humanidad para el futuro establecimiento de una federación mundial del tipo correcto. Kant espera que el desarrollo cultural dentro de los Estados conducirá a una “mayor unanimidad sobre principios” (él presumiblemente quiere decir principios morales y jurídico-políticos, incluyendo los principios del derecho internacional). De acuerdo con Kant, este consenso incrementado sobre principios normativos facilitará una paz no despótica en la que los pueblos (como los Estado) entren voluntaria y autónomamente (VIII, 367). Una vez que la ilustración ha progresado lo suficiente y el pueblo haya aprendido a ver más allá de sus diferencias culturales y conseguido un entendimiento apropiado y respeto de los principios universales de los derechos humanos, el republicanismo, y el derecho internacional y cosmopolita, entonces el momento estará maduro para la transición a una condición jurídica global.[26]

III. Si la liga de Estados podría hacer una diferencia

Si nosotros tomamos a Kant para respaldar el Estado de Estados solo después de que un cierto nivel de desarrollo ha sido alcanzado, entonces se convierte en algo crucial determinar cómo él concibe el rol de la liga en el desarrollo hacia una paz más segura. Él claramente observa  a la liga como una promotora de la paz, pero es un punto de disputa en la literatura si de hecho puede hacer eso.

La tercera objeción común contra la visión de Kant sobre la paz (de acuerdo con la interpretación estándar) es que la liga de los Estados no es capaz de hacer alguna diferencia práctica en la promoción de la paz. La acusación es que si la liga es simplemente voluntaria y no coercitiva, aquellos Estados que ingresarán podrían no iniciar la guerra en cualquier caso, además, si estos Estados después cambian su posición y se convierten en beligerantes, ellos simplemente renunciarán a la liga (como sucedió con la Liga de Naciones durante la década de 1930).[27] Los Estados fuertes se comportarán oportunistamente sometiendo los intereses de los Estados débiles a los propios, utilizando la liga como un instrumento de política exterior cuando les es útil, y renunciando o ignorando a la liga cuando no. Así, la liga no añade nada sustantivo que vaya más allá de la simple intención subjetiva de los Estados miembros de no iniciar la guerra y, por tanto, no hace nada para promocionar la paz. Como Friedrich Gentz expuso en 1800: “un tratado libre entre Estados será honrado simplemente siempre y cuando ninguno de aquellos quienes lo han firmado posea tanto la voluntad como el poder para romperlo; en otras palabras, siempre y cuando la paz, la cual el tratado debe establecer, podría existir también sin él”.[28]

En ninguna parte Kant provee una explicación detallada de cómo se supone que funciona la liga de Estados. Esto es muy notable dado el rol crucial que él le otorga, y es difícil no estar de acuerdo con Gentz cuando él se queja de esta falta de detalles.[29] Sin embargo, encontramos el inicio de una explicación en Metaphysics of Morals, y ello provee la descripción a grandes rasgos de una respuesta a la tercera objeción.

En Metaphysics of Morals, Kant concibe la liga en el modelo de un “congreso de Estados”, donde los ministros de los tribunales y repúblicas presentan sus demandas y reportes de hostilidades con el propósito de presentar sus conflictos a arbitraje (MM VI, 350-51). La liga de Estados podría crear una estructura institucional permanente para la mediación del conflicto, abriendo canales para la comunicación y ofreciendo estructuras para un arbitraje y negociación neutral que de otra manea no existirían o podrían haber sido organizado sobre bases ad hoc. 

Hay, entonces, una diferencia práctica entre un mundo con una liga de Estados y un mundo sin ella,  sin embargo el esbozo de Kant podría ser más específico. La liga va más allá de un simple tratado para no iniciar la guerra. Sin la liga, los Estados con conflictos tienen que superarlos entre ellos mismos, y podrían fallar en buscar mediadores imparciales y en su lugar recurrir a la violencia. Los Estados, como tercera parte, podrían ofrecerse a sí mismos como mediadores, por supuesto, y Kant lo dice así en Hacía la paz perpetua, donde él señala que porque una guerra podría bien ir contra los intereses de los Estados que actúan como tercera parte, estos harían lo mejor que puedan para presentar un acuerdo (PP VIII, 368). Para señalar que las negociaciones y la mediación podrían también tomar lugar sin una liga de Estados, sin embargo, es mejor subrayar que refutar el potencialmente útil rol de una liga. Esto no es decir que la liga podrá ser siempre exitosa, como ya hemos visto admitido en el indicio de Kant en la constante amenaza de hostilidades que podría existir incluso con una liga (PP VIII, 357). Pero uno no debería llanamente descartar el potencial de la liga como una estructura institucional para asistir a los Estados a mantener la paz. Además, la Liga de las Naciones y las Naciones Unidas han mostrado que tal liga puede incluir un buen acuerdo más que un simple tribunal de arbitraje, incluyendo la regulación del comercio y leyes laborales; financiamiento para el desarrollo económico y político; educacional, científico e intercambio cultural, y más.  

Tales consideraciones desplazan la carga de la prueba sobre aquellos quienes insinúan que no existe valor, después de todo, en la creación de canales para la negociación y la mediación (y cualquier otra institución promotora de la paz que la liga podría proveer). Es fácil, por supuesto, para Gentz y los escépticos posteriores, señalar los fracasos de las ligas voluntarias para detener la guerra. Estos fracasos son claramente visibles para todos. Pero para que la evaluación sea imparcial, los escépticos necesitan tener en cuenta los ejemplos en los que la mediación de la liga resolvió un conflicto que, de otra manera, habría resultado en guerra o en el cual redujo la duración de la misma. La cuestión empírica no es si las asociaciones internacionales voluntarias podrían por sí mismas poner fin a todos los conflictos internacionales: Kant concuerda en que ellas no lo harían. Más bien, la cuestión es si las instituciones mediadoras (aunque voluntarias) pueden prevenir, posponer o mitigar conflictos en un modo que permita una mejoría interna dentro de los Estados, y el desarrollo gradual hacia un mundo más pacífico. Esta evaluación empírica de la eficacia de una liga de Estados es considerablemente más complicada que lo que la crítica de Kant admite.

IV. El proceso hacia la paz

La visión bien conocida de Kant es que la paz existe en interés de todo Estado y que los Estados se sentirán obligados a ingresar a una liga voluntaria fuera del puro egoísmo si no fuera de motivos nobles. Subyacente a esta confianza está su suposición mantenida por largo tiempo de que las consecuencias de la guerra eventualmente se volverán tan costosas y destructivas que los Estados poseen un interés en evitar la guerra (368). Aunque ellos inicialmente no quieren todavía renunciar a su soberanía a un Estado de Estados, su egoísmo, sin embargo, los moverá a ingresar a una liga.

Además el antiguo tema de que la paz existe en interés de los Estados, Hacía la paz perpetua expresa las convicciones más a fondo de Kant de que el egoísmo mueve a los Estados internamente en la dirección de un gobierno republicano (véase arriba, n.13), y que las repúblicas, en contraste con los Estados despóticos, están naturalmente inclinadas a la paz. Esto es así porque los gobernantes de los Estados despóticos fácilmente declaran la guerra, y ellos podrían simplemente hacer que sus súbditos lleven las cargas de ésta. Los Estados despóticos son, por lo tanto, más propensos a la guerra pero ellos también probablemente sucumbirán desde dentro cuando aquellas cargas salgan de control, como a la vista de Kant había sucedido en el Antiguo Régimen en Francia. Una vez que ellos comienzan a derrumbarse, proveen oportunidades para reformar, como Kant también piensa que había sucedido en Francia (MM VI, 341, comp. TP VIII, 311). Por el contrario, el gobierno de una república, en el cual los ciudadanos deciden por sí mismos si van a la guerra o no, es más pacífica. Kant cree que los ciudadanos se darán cuenta de que las guerras ofensivas van contra su auto-interés, y por tanto, que una república no iniciará una guerra. Además, una vez que una república ha sido constituida, esto podría constituir un punto de cristalización o ancla para una liga pacífica, Kant escribe, expresa una visión optimista de las conquistas de Francia durante las guerras revolucionarias (PP VIII, 351, 365-7). Así, él cree que hay varios factores que mueven a la humanidad en la dirección de un republicanismo pacífico.

Sólo el egoísmo no es suficiente para hacer a esta paz durable, y Kant es el primero en admitirlo así, mencionando la constante amenaza del estallido de hostilidades que aquejan a la liga (357). Una paz perpetua de verdad es una “tarea moral” y la paz es deseada “no sólo como un bien físico sino también como una condición que surge del reconocimiento del deber” (377), y sólo entonces puede las paz ser perfectamente perpetua. Kant cree, sin embargo, que la liga de Estados hace una diferencia positiva, no obstante quizás pequeña inicialmente, y que conforme avanza el tiempo ello conducirá a más estabilidad.[30]

Iniciando con sus primeros escritos sobre historia, la visión de Kant fue que al existir menos guerra entre Estados, esto permitirá un mayor desarrollo político y moral dentro de los Estados (comp. IUH VIII, 20-31; TP VIII 311-12, véase también abajo). Siempre y cuando los Estados tengan que utilizar grandes cantidades de sus recursos para la protección contra las amenazas de otros, ellos no pueden utilizar aquellos recursos, por ejemplo, para mejorar la educación de sus ciudadanos. Además, la guerra y la amenaza de la guerra tienden a limitar la libertad externa de los ciudadanos y desvía los esfuerzos para mejorar el sistema político dentro del Estado. La ausencia de guerra dejará libre recursos y posibilita un enfoque en el desarrollo interno de las instituciones políticas republicanas (los kantianos actuales podrían querer decir “democráticas”). Este desarrollo entonces reforzará el proceso de paz y lo hará más seguro. El ideal detrás de esta convicción es que una reducción de la guerra conduce al progreso político y moral dentro de los Estados y que estos progresos contribuyen más, uno por vez, hacia la paz entre Estados, y así sucesivamente.[31] Una vez que exista acuerdo sobre principios normativos universalistas (como una constitución republicana, derechos humanos, etc.), entonces un voluntariamente creado Estado de Estados puede ser activamente perseguido.[32] Así, cuando los críticos afirman que la teoría de la paz de Kant es problemática porque la liga de Estados no durará,[33] ignoran el marco más amplio de la visión de Kant de la historia, en la que el rol de la liga está incrustado.

Como un paso final, una vez que la paz legal es establecida, la perspectiva se abre para un mayor aprendizaje moral. En un particularmente sobresaliente pasaje sobre la relación  entre la Doctrina del Derecho y la Doctrina de la Virtud, Kant escribe que cuando las leyes aseguran la libertad externamente, la libertad interior (moralidad) “tendrá vida” y esto, uno a la vez, aumentará la obediencia a las leyes. Así, la paz legal es hecha gradualmente más segura porque el comportamiento pacífico ya no estará inspirado simplemente por un egoísmo inquieto, pero es respaldado por disposiciones pacíficas:

“Una paz establecida firmemente, combinada con la interacción entre las gentes [Menschen] está la idea a través de la cual solamente es posible la transición de los deberes del derecho a los deberes de la virtud. Porque cuando las leyes aseguran la libertad externamente, las máximas también gobiernan a uno mismo internamente en concordancia con las leyes que pueden darle vida; y al contrario, el último, a su vez, lo hace fácilmente a través de sus disposiciones para una coerción legítima para tener una influencia, así que el comportamiento pacífico [friedliches Verhalten] bajo las leyes públicas y disposiciones pacíficas [friedfertige Gesinnungen] (terminarán también la guerra interna entre principios e inclinaciones), esto es, la legalidad y la moralidad encuentran en el concepto de paz el punto de suporte para la transición de la Doctrina del Derecho a la Doctrina de la Virtud”. (XXIII 354-5, Vorarbeiten a Metaphysics of Morals).

Nosotros encontramos esta visión del desarrollo en muchos otros textos de la década de 1780 y 1790, (por ejemplo, el ensayo de 1784: “Idea para una historia universal desde un punto de vista cosmopolita”[34], el tercer ensayo en “Sobre el dicho común”, 1793).

Los teóricos kantianos actuales no comparten todos los detalles de las suposiciones teleológicas de Kant, considerando el desarrollo histórico de la humanidad, pero aspectos significantes de la visión están todavía presentes. Por ejemplo, Rawls sostiene que cuanto más es observado el derecho de gentes, cuanto más toma lugar el “aprendizaje moral”. Por eso él quiere decir un proceso psicológico por el cual los pueblos tenderán a aceptar el derecho de gentes como un ideal de conducta y transformar lo que una vez fue un simple modus vivendi en algo más estable.[35]

Uno podría preguntarse, si la perspectiva del desarrollo de Kant no debilita indirectamente su propio argumento para un Estado de Estados. Si el egoísmo conduce a la formación de repúblicas, y si las repúblicas son naturalmente pacíficas, entonces podría parecer que una liga de repúblicas podría siempre eliminar la guerra aún en la ausencia alguna autoridad federal coercitiva. O, para colocarlo de modo diferente, es confuso por qué la paz perpetua podría requerir un Estado de Estados en lugar de una simple liga de repúblicas. La afirmación de Kant de que las repúblicas son naturalmente pacíficas es a menudo citada en las teorías contemporáneas de las relaciones internacionales, desde entonces Michael Doyle mostró que está confirmado empíricamente cuando se reduce a la tesis de que las democracias no hacen la guerra las unas a las otras (más que en la versión más amplia de que ellos en general no inician la guerra).[36] Sobre las bases de esta suposición, entonces, uno podría creer que una democratización global podría ser suficiente para durablemente eliminar la guerra, como ciertamente Rawls sostiene en El derecho de gentes.[37]

Kant tiene muchas respuestas a esta cuestión. En primer lugar, una paz perpetua de verdad debería respaldase en convicciones normativas apropiadas, no sólo por el hecho de que es en interés de todos, porque una paz que está basada simplemente en el egoísmo no es realmente segura.[38]

Además, el hecho de que los seres humanos son libres, relacionado con la propensión hacia el mal que está enrazada en la naturaleza humana, significa que ellos en principio plantean una amenaza a la libertad externa de unos y otros, y esta amenaza necesita ser contrarrestada con un sistema de leyes públicas y coercitivas. Kant cree que este último punto también se sostiene en el nivel de las interacciones entre Estados, como es claro en el pasaje citado arriba en el principio de la sección II.

Finalmente, aún una general “moralización”[39] de la humanidad podría no hacer superfluo el Estado de Estados. Esto es claro en el manejo de Kant de un problema relacionado con considerar al Estado. Kant argumenta que el Estado es moralmente necesario aún para individuos “amistosos y amantes de la justicia” (MM VI, 312). La razón para esto es presumiblemente porque sus prejuicios no reconocidos y sus perspectivas unilaterales podrían ser extrañas a las demandas de justicia o producir conflictos que necesitan ser  resueltos. Por tanto, la paz verdadera requiere no sólo de la ausencia de hostilidades, sino también del arbitraje legítimo de conflictos por una autoridad establecida por encima de los individuos; el mismo argumento podría sostenerse en el caso de los Estados.

En Metaphysics of Morals, Kant menciona el problema del tamaño (no el problema de los Estados que nunca quieren ingresar) como fundamento para resolver que la perfecta realización del ideal de un Estado de Estados es imposible. Haciendo eco de una visión ampliamente sostenida, él escribe que si un Estado de Estados se vuelve demasiado grande, se vuelve imposible gobernarlo y proteger a cada miembro; pero si hubiera más que tal cuerpo único esto podría revivir la guerra, y por lo tanto la paz perpetua es una “idea irrealizable” (MM VI, 350). Pero él no abandona la idea, indicando que la “continua aproximación” es posible y un deber (350). Así, aún si uno discrepa con la evaluación de Kant  de que un Estado federal de Estados es imposible por razones de tamaño, como algunos recientes comentaristas hacen,[40] uno no debería culparlos de inconsistencia al haber renunciad al ideal sobre las bases de su impracticabilidad.

V. Kant y las teorías kantianas de las relaciones internacionales

El núcleo del argumento de Kant, entonces, es que la completa realización de la paz perpetua requiere un Estado federal de Estados respaldado por las disposiciones morales de los individuos dentro de los Estados miembros, pero que este objetivo debería ser perseguido mediatamente, a través del establecimiento voluntario de una liga, y no a través de los intentos prematuros de institucionalizar un Estado de Estados inmediatamente. Fuera de concernir a la protección de la autonomía, Kant sostiene que el modo correcto de aproximarse al Estado de Estados es desarrollar una liga de Estados primero. Los ciudadanos y los políticos deben trabajar prácticamente hacia el establecimiento de una liga,            pero el máximo objetivo que ellos deben tener en mente al hacer eso es una situación en la que todos los Estados se han convertido en repúblicas y sus ciudadanos se han ilustrado lo suficiente para querer someterse a las públicas y ejecutables leyes de un Estado republicano de Estados. Este ideal de una completamente realizada paz perpetua podría bien permanecer fuera de alcance –de hecho, Kant que lo hará- aún permanece para él como un ideal que uno puede y debe esforzarse para que pueda ser aproximado.

La posición de Kant como fue presentada aquí es así mucho más consistente y más  matizada de lo que es generalmente pensado. Él falla en proveer suficientes detalles considerando la estructura preferida de la liga y el Estado federativo de Estados, sin embargo, y considerando la cuestión de cómo uno determina si la época es madura para desplazarse de una liga a un Estado federativo de Estados. En un momento dado, Kant espera que el proceso hacia el Estado de Estados toma miles de años (Lectures on Anthropology XXV, 696-7), y, por tanto, él podría haber visto al segundo problema en particular como no apremiante. Los teóricos kantianos actuales han desarrollado explicaciones para modificar este déficit, teniendo en cuenta los logros reales y desastres reales de los pasados cien años. El mundo actual es muy diferente del que Kant tuvo en mente. Existe ya una liga de Estados, compuesto de la vasta mayoría de los Estados en del mundo. Las Naciones Unidas ciertamente tienen sus problemas, como Kant pudo esperar, pero también puede presumir de éxitos importantes. Además, en aspectos significativos el mundo ya está involucrado en un proceso de transición hacia estructuras más vinculatorias (como evidenciaron, por ejemplo, instituciones tales como la Corte Penal Internacional y la Organización Mundial de Comercio, y el hecho de que los Estados pueden ahora ser castigados por violaciones a los derechos humanos). Cualquier apropiación de la teoría de la paz de Kant necesita tomar estas circunstancias transformadas en consideración, como la mayoría de teóricos kantianos están bien conscientes.[41]  Si mi interpretación es correcta, sin embargo, el propio argumento de Kant no es sólo compatible con estos desarrollos sino también sugiere algunas enmiendas interesantes a las actuales teorías kantianas de la paz. Voy simplemente a dar aquí algunos indicios. No aspiro a defender una postura kantiana per se sino sólo mostrar cómo las teorías kantianas podrían ser afectadas si uno toma en cuenta los argumentos de Kant como se presentaron en este ensayo.

Aquellos quienes, como Rawls, rechazan cualquier tipo de gobierno mundial no pueden justificar más su visión apelando a Kant. Rawls ahora carece de un argumento para el rechazo del ideal de una república mundial del tipo que Kant sostiene como un ideal. Las razones que Rawls aduce para motivar su rechazo de un gobierno mundial en general y que él toma prestado de Kant son, de hecho, para Kant, simplemente las razones para rechazar un Estado hegemónico (esto es, una “monarquía universal”, véase arriba). Aunque esto por supuesto no significa que un rawlsiano no podría construir un argumento para rechazar el ideal kantiano, por lo menos existe una necesidad de mayor discusión.

Mientras la teoría de Rawls “hace espacio para varias formas de asociaciones cooperativas y federaciones entre gentes” (Rawls 1999: 36), una federación mundial de Estados explícitamente no es parte del ideal, y los pueblos permanecen “libres e independientes” (p. 37). La utopía realista que él esboza incluye lo que él llama una simple “confederación” de Estados independientes (“gentes”, en su terminología), y cuando Rawls menciona la posibilidad y aceptabilidad de Estados ingresando juntos para formar federaciones, él siempre habla de tales federaciones en plural (p. ej., p.70). A la luz de la teoría de Kant como es interpretada arriba, lo que está ausente aquí es el ideal de un legítimo y ejecutable arbitraje global de los conflictos. Rawls cree que la falta de ejecución del derecho de gentes no es un problema, porque en la utopía realista, como él la concibe, los miembros de la confederación no tendrán razones para comenzar la guerra entre ellos (p. ej., p. 9, 19). Sin embargo, como observamos arriba, en la visión de Kant una “liga de repúblicas” no es suficiente, porque aún los pueblos obedientes de la ley podrían encontrarse a sí mismos en desacuerdo sobre asuntos importantes y, por tanto, en necesidad de un legítimo y ejecutable acuerdo de sus disputas. Así, Rawls aún enfrenta el problema de que si la confederación que él concibe árbitra en un modo vinculante y ejecutable, esto disminuye significativamente la independencia de los Estados constitutivos y hace que la confederación asuma características de un federación después de todo; si, por otra parte, si no arbitra de tal modo, no existe un mecanismo para resolver disputas entre los “pueblos-bien ordenados”.

Además, la interpretación aquí propuesta también muestra que los teóricos kantianos consistentes no necesitan y no deberían aceptar la visión de que los Estados deberían ser obligados en un Estado federativo mundial. De hecho, la interpretación aquí propuesta delinea una tercera respuesta kantiana (la respuesta de Kant) al dilema tradicional del orden global, concretamente, el dilema de que sin un gobierno mundial uno no puede remediar los males de la anarquía sino que con él uno enfrenta el riesgo de un despotismo mundial. Esta respuesta, además, muestra que Kant toma el riesgo del despotismo muy en serio.

Para aquellos que aun defienden el ideal de estructuras políticas parecidas al Estado en el nivel global pero que se mantienen alejados la visión de que estos deberían ser establecidos coercitivamente, la posición de Kant sugiere un enfoque incrementado en el surgimiento apropiado de estas estructuras y su legitimidad democrática. En esta conexión es interesante que en su más reciente obra, Habermas se distancia él mismo de su posición de 1995 mencionada al inicio de este ensayo. Su enfoque ya no es producir estructuras políticas como el Estado a nivel global. Él ahora cree que hacer eso es imposible debido a la ausencia de una consciencia cosmopolita por parte de las poblaciones de los Estados del mundo. De hecho, él ahora cree que un Estado federativo mundial nunca es posible, sobre el fundamento de que la integración política exitosa requiere de un tipo particular de identidad colectiva, y una identidad colectiva particular nunca podría estar disponible en el nivel global. Sólo la moralidad universalista podría estar disponible para motivar a los pueblos a actuar como ciudadanos del mundo, y como un asunto de un hecho psicológico empírico, Habermas afirma, que esto no es suficiente. Lo que entonces queda es la promoción de una “política doméstica mundial sin un gobierno mundial” (Weltinnenpolitik ohne Weltregierung). Habermas sugiere que un arreglo dinámico de procesos y organizaciones democráticas deliberativas en el nivel nacional, internacional y  trasnacional puede incrementar enormemente el nivel y la legitimidad de una regulación vinculatoria concerniente a asuntos de interés mundial. Así, es posible continuar la transformación del derecho internacional en un orden cosmopolita (un proceso que Habermas reconoce ya en progreso) sin conducir a un gobierno centralizado mundial.[42]

El movimiento de Habermas hacia la visión de las actitudes de las poblaciones del mundo como un factor crucial en la evaluación de la viabilidad del Estado federativo de Estados es muy conforme con los argumentos de Kant presentados arriba, especialmente con el énfasis de Kant sobre la importancia de los pueblos queriendo ingresar. Pero en lugar de hacer este movimiento sobre las bases de una apelación a la psicología empírica y una evaluación de que una organización política mundial estructuralmente siempre carecerá de suficiente legitimidad para más que un rol muy elemental, Habermas podría sugerir acercarse más estrechamente sobre Kant para revisar esto en un argumento más fuerte. Una visión más fuerte podría ser algo como la visión de que cualquier expansión del alcance y poderes de las instituciones reguladoras globales existentes actualmente (tal como las Naciones Unidas y la Organización Mundial de Comercio), o el establecimiento de unas adicionales, podría continuar sólo a través de procesos completamente democráticos. Ciertamente, lo que sugiere el argumento de Kant, como fue presentado en este ensayo, es que este es el único modo de asegurar la legitimidad de tales estructuras políticas globales. Incluso si los Estados de este mundo podrían no (o no aún) querer sacrificar su soberanía externa sujetándose a sí mismos al sistema político mundial, hay aún mucho que puede ser hecho para mover en la dirección de un gobierno mundial legítimo. Un completamente legítimo gobierno mundial podría permanecer fuera de alcance. La medida en que la voluntad cosmopolita necesaria y la consciencia de parte de la población mundial actualmente en desarrollo, sin embargo, y por tanto, la medida en que un orden legal global no despótico puede ser realizado, no deberían estar limitados en el avance de fundamentos de psicología empírica, sino que puede ser tratado mejor, de una manera kantiana distintiva, como una cuestión abierta.

Las ideas expresadas en esta sección final, no obstante, es sólo unas pocas sugerencias tentativas en cuanto a cómo la reinterpretación de la teoría de la paz de Kant que propongo en este ensayo podría afectar a la teoría política kantiana. En el contexto presente, no puedo discutirlos en suficiente detalle ni tampoco hacer justicia aquí a la complejidad de la teoría política kantiana actual. Sin importar si estas especulaciones son plausibles, ellos no deberían desviar la atención de la tesis principal de este ensayo: que el argumento de Kant para la liga de Estados es diferente y mucho más consistente de lo que usualmente es pensado. De acuerdo con Kant, la creación de una liga de Estados no es en sí mismo el ideal definitivo. Más bien, ello constituye un primer paso importante en el camino hacia una aun mayor regulación trasnacional de la interacción entre Estados, un proceso que debería ser guiado por el ideal de un global Estado federativo de Estados.[43]

Pauline Kleingeld
Department of Philosophy
Campus Box 1073
Washington University in St. Louis
St. Louis, MO 63130
USA
pkleinge@artsci.wustl.edu
Notas



[1] European Journal of Philosophy 12:3 ISSN 0966-8373 pp. 304-325. Blackwell Publishing Ltd. 2004. 9600 Garsington Road, Oxford, UK.




[1] Rawls 1999: 36. Impresionantemente, a menudo Rawls escribe que él “está siguiendo la guía de Kant”, respaldando lo que él observa como el rechazo de Kant  un gobierno mundial (p. 36) y el argumento para la foedus pacificum (por ejemplo: pp. 10, 19, 21, 22, 54).
[2] Habermas 1997: 114-126. En el más reciente alejamiento de Habermas de esta posición, véase la sección V abajo.
[3] Por ejemplo, Allen Wood afirma que el argumento de Hacia la paz perpetua podría parecer demandar un Estado de Estados, pero que la explicación está repleta de perplejidades. Similarmente, Thomas Pogge llama a la explicación de Kant “extremadamente inestable” y retrata a Kant como experimentando con un argumento después de otro sin desarrollar uno sólo exitosamente, tratando de evadir la demanda de un Estado mundial con la que su teoría se compromete. Pogge 1988: 427-433; Wood 1995: 11. Véase también, Carson 1988; Cavallar 1999: 123; Dodson 1993; Habermas 1997; Höffe 1995 y 1998; Lutz-Bachmann 1997.
[4] Carson 1988: 177, 202; Guyer 2000: 416; Kersting 1996.
[5] Esta crítica fue formulada tempranamente en 1800 (véase Gentz 1800). Compárese también Habermas 1997: 117-8.
[6] Hay pocos autores quienes han (correctamente) argumentado que Kant defiende el ideal de un Estado de Estados, pero ellos van demasiado lejos en la otra dirección, diciendo que la “impresión” que Kant “ve a favor de la liga de naciones” es “engañosa”. Argumentando que Kant defiende un Estado de Estados en lugar de  una liga de Estados estos autores tienden a apelar a que ellos creen que podría ser congruente para Kant decir, menos de lo que él dice. Compárese Byrd 1995: 178-9; Axinn 1989: 245-9.
[7] Sigo la práctica común y traduzco el “Recht de Kant, en este contexto, como “derecho”, indicando que éste no connota una afirmación legal sino una completa condición de legalidad externa (aquí legalidad “externa” en contraste a la “interna” legalidad moral).
[8] En “Sobre el dicho común”, Kant explica su terminología: “in thesi” significa “en la teoría”, “in hypothesi” es equivalente a “en la práctica”, TP VIII 276. Sobre la interpretación de los Estados del derecho internacional como un derecho a permanecer en el estado de naturaleza, véase los Vorarbeiten de Hacia la paz perpetua, XXIII, 169.
[9] La formulación de Dodson es representativa: “Este argumento, sin embargo, explícitamente acepta la subordinación de consideraciones de justicia a juicios empíricos de lo que es razonable en el futuro cercano…llevando lejos este argumento, Kant sucumbe a la misma debilidad de la que él tan a menudo nos previene en contra –dejándonos solamente con un arreglo “sustituto” para que así algo pueda ser salvado” (Dodson 1993: 7).
[10] En los comentarios al tercer artículo definitivo, VIII, 358. Anteriormente en el texto, Kant hace claro que una liga de Estados podría no tener leyes públicas, por tanto esta cita sugiere el ideal de un Estado de Estados.
[11] Véase nota 3 arriba.       
[12] PP VIII, 373, nota.
[13] Véase el famoso pasaje en el que Kant enuncia que el problema para la creación de un buen Estado puede ser resuelta “incluso para un pueblo de demonios (solamente si ellos poseen entendimiento)” PP VIII, 366.
[14] Esto es sugerido por Geismann 1983: 367.
[15] Uno podría querer disentir con las fuertes conclusiones no-intervencionistas que Kant esboza desde esta línea de razonamiento, pero el razonamiento en sí mismo no necesita ser leído como flagrantemente inconsistente. Para una crítica al no-intervencionismo de Kant, véase Tesón 1991: 67-8.
[16] Carson 1988: 211. El gobierno mundial podría tener “fuerzas militares suficientes para desmantelar y derrotar a cualquier ejército nacional en el proceso de su creación (185- nótese también la “red de inteligencia de amplio alcance” del gobierno mundial, y el supuesto de Carson de que uno puede prevenir una toma de poder militar justo teniendo leyes contra este, 203-4). Compárese también Axinn 1989: 249: “Nosotros podríamos usar la violencia para obligar a la afiliación en una federación internacional. Las cosas se ven totalmente no kantianas, aun tenemos simplemente que encajar las propias posturas de Kant”.
[17] Los comentaristas quienes critican la defensa de Kant de una liga de Estados sobre los fundamentos de que la liga probablemente tenga muchos defectos y quienes argumentan que sólo un Estado de Estados podría ser capaz de resolver estos problemas a menudo pasan por alto el hecho de que el Estado de Estados en sí mismo, si es perseguido en lugar, es probable que también sea defectuoso.
[18] Este comentario indica que el término “Völkerbund” en sí mismo es neutral en cuanto a si la institución tiene el poder de ejecutar sus leyes, o no (compárese, Idea, VIII, 24 línea 23-28), donde el término es claramente utilizado para referirse a una unión federativa internacional con leyes públicas obligatorias y la autoridad para ejecutarlas). Esta neutralidad es difícil de preservar en la traducción inglesa. “Federación” tiene las connotaciones de un gobierno centralizado fuerte; “liga”, por el otro lado, sugiere una asociación libre. He traducido “Völkerbund” como “liga de pueblos”, en cualquier sitio es claro que Kant está hablando de una asociación voluntaria con poderes coercitivos, pero en este caso particular parece bien señalar la ambigüedad en el término. La misma ambigüedad es encontrada en el uso de Kant de las versiones latinas del término, por ejemplo, el “federalismo” mundial en el segundo artículo definitivo de Hacia la paz perpetua. Aquí también, sin embargo, el amplio contexto desvanece su ambigüedad.
[19] Véase arriba, nota 4.
[20] Kant: Political Writings: 102.
[21] Kersting 1996: 437-8.
[22] Aquí el argumento de Kant enfatiza una vez más que el término “pueblo” debería ser interpretado en el sentido político. Después de todo, si el término es usado en el sentido nacionalista uno podría fácilmente concebir un Estado compuesto de múltiples pueblos.
[23] Véase MM VI, 311, donde Kant mismo utiliza el término (Völkerstaatsrecht).
[24] Sobre el concepto de “monarquía universal” en la discusión del siglo dieciocho, véase Cavallar 1992 y Brosbach 1998.
[25] Byrd 1995: 186-87, n. 58.
[26] Esta visión desarrollista también subyace en la visión de Kant en la Religión, donde él advierte contra “la prematura y, por tanto, (porque ella viene antes de que el pueblo devenga superior moralmente) perjudicial fusión de Estados” (Rel VI, 123n.); compárese “Probable inicio de la historia humana” VIII, 121. Para una discusión del intento de Kant para reconciliar las diferencias nacionales con la unidad global, véase McCarthy 1999.
[27] Véase también Habermas 1997: 117. A pesar de los muchos paralelos que de hecho existen entre la liga propuesta por Kant y la Liga de las Naciones del sigo veinte, uno no debería olvidar que la última falló en seguir el propósito de Kant en aspectos importantes, por ejemplo, debido a que sus miembros no renunciaron a sus ejércitos permanentes.
[28] Gentz 1800: 479.
[29] Ibíd., 478, n.
[30] Este papel de la liga es insinuado por Pogge 1988: 430 y Cavallar 1999,  cap. 8.
[31] La perspectiva desarrollista aquí también explica por qué Kant no discute el problema de que los miembros  de un Estado de Estados podría decaer de regreso a la hostilidad. Sobre los fundamentos y el estatus epistemológico de la creencia de Kant en el progreso, véase Kleingeld 1995.
[32] PP VIII, 367. Esta es también la interpretación de Fichte, en su revisión de Hacia la paz perpetua. Fichte presenta la visión de Kant como siendo que la liga es simplemente una etapa intermedia en el camino de un Estado de Estados. Fichte (1971): 433.
[33] Esta crítica encuentra también su formulación clásica en Gentz 1800: 478.
[34] De acuerdo con “Idea para una historia universal”, el desarrollo del uso de la razón, sobre el cuso de la historia humana, culmina en la auto-transformación de la sociedad en una comunidad moral. La paz que fue inicialmente establecida fuera del auto-interés puede eventualmente respaldada por razones morales y de este modo hacerla durable. Sobre la coherencia de la noción de Kant del desarrollo moral, véase Kleingeld 1999.
[35] Rawls 1999: 44-45.
[36] Doyle 1983 y 1993.
[37] Rawls 1999: 8.
[38] Véase también la explicación de Paul Gruyer de por qué una república no es suficiente para la paz en Guyer 2000: 415- 420.
[39] Este es un término utilizado por Kant, compárese C1, A748/ B776; IUH VIII 26.
[40] Véase Dodson 1993: 8, con una apelación a los desarrollos tecnológicos; Axinn 1989: 248.
[41] Véase especialmente Habermas 1997.
[42] Véase Habermas 2001: 110-1.
[43] Me gustaría agradecer a Joel Anderson, Eric Brown, Larry May, Sarah Holtman, Thomas Pogge y Allen Wood por sus útiles comentarios sobre el borrador previo de este artículo. Me gustaría agradecer también a Philip Rossi por sus comentarios valiosos sobre una versión más corta de este artículo, presentada en la reunión de la División Central de la APA, 2003.

Referencias
Las referencias son de Kants Gesammelte Schriften, editados bajo los auspicios de la Real Academia Prusiana de las Ciencias  (Berlín: Walter de Gruyter, 1902- ). Las referencias a la Crítica de la razón pura enumerarán los números de página de las ediciones A y B. Las traducciones son mías. Abreviaciones: C1: Critique of Pure Reason; IUH= Idea for a Universal History from a Cosmopolitan Point of View; MM= Metaphysics of Morals; PP= Perpetual Peace; Rel= Religion within the Limits of Reason Alone; TP= On the Common Saying: This May Be True in Theory But It Does Not Apply in Practice.

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